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1 El 11 de septiembre de 2001, por uno de esos errores en los que tanto incurre nuestra diplomacia, Venezuela suscribe en Lima la llamada Carta Democrática de la OEA. No nos cansaremos de insistir en que ni en las páginas web de dicha organización ni en sus compilaciones de normas impresas aparece que Estados Unidos y Canadá hayan suscrito dicho documento injerencista. Durante el siglo XX la lucha contra dictaduras había culminado en el desarrollo de movimientos progresistas en Cuba, República Dominicana, Nicaragua y El Salvador. Estados Unidos necesitaba instaurar democracias formales para impedirlo.

El escenario crucial de la batalla entre el gran capital internacional y los pueblos de América Latina se encuentra hoy en Venezuela con la estrategia imperialista del golpe de Estado continuado. No caigamos en simplificaciones inducidas por los estereotipos de los conglomerados mediáticos monopólicos como CNN, brazo propagandístico del Pentágono.

Los oposicionismos que han forzado por “la salida” del izquierdista presidente venezolano Nicolás Maduro han apelado a efectivos y sofisticados mecanismos, técnicas y recursos, que  en unos casos, han resultado  fallidos, mientras que en otros, como con la guerra económica, han alcanzado erosionar la base social del gobierno chavista, aunque sin  poder generar la crisis humanitaria, ni de gobernabilidad, que la  derecha dirigida por el imperio estadounidense ha intentado  crear para justificar su incursión asesina armada, que no suena tan feo, si la llamamos “genocida”.

Hace algunas semanas, hablamos del balotaje de la elección presidencial en Ecuador como la gran oportunidad de señalar un “punto de quiebre” para el conjunto de América Latina.

El triunfo de Lenín Moreno en la elecciones de Ecuador, plantea ciertas expectativas sobre el futuro político del país en una coyuntura geopolítica particular.