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El régimen autoritario que ya tenemos se encuentra en transición hacia un sistema "totalitario", que no solamente reprime marchas, censura periodistas y roba elecciones, sino que también se entromete en la vida privada de todos y cada uno de nosotros, con el fin de controlar la totalidad de la vida pública y privada de los ciudadanos.

Además de las acusaciones a grandes líderes populares latinoamericanos como Lula y Cristina de supuesto involucramiento con casos de corrupción, para intentar pasar la idea de que todos los políticos son corruptos, otras acusaciones, igualmente significativas, intentan criminalizar los actos de gobierno.

El caso Odebrecht ha vuelto a colocar en el primer plano de la escena pública el tema de la corrupción. Alrededor de éste, y condicionada por las matrices de opinión hegemónicas, vemos cómo se configura una suerte de cruzada moralizadora que prescinde de la historia y destierra la dimensión política del debate. Todas las expresiones de la vida política manifiestan su rechazo visceral, con voces que se replican airadas y escandalizadas.

No se dejen engañar. Alfredo del Mazo no ganó la elección en el estado de México. Aquí cinco razones para dudar de la 'verdad histórica' que los mismos de siempre quieren imponer.

Un país cuyas instituciones no funcionan pierde su horizonte histórico y deviene barco a la deriva. Navega al pairo. El Estado deja de representar el interés general. Los valores culturales, necesarios para la formación de una ciudadanía democrática, son subastados en el mercado de las oportunidades. En su lugar se levanta un mundo infame, se impone la orfandad ética, la injusticia y la desafección al bien común. Hablamos de estados controlados por grupos de intereses espurios, mafias, cárteles. El llamado crimen organizado. El país, una vez en sus manos, se convierte en territorio en disputa, mandan quienes logran hacerse del poder bajo la fórmula del terror, las amenazas, los asesinatos, las violaciones, el chantaje y los secuestros. En estas circunstancias la paz es una quimera. Sólo existe la guerra de posiciones, la ciudadanía se desintegra y el pacto social se esfuma. No hay espacio para la vivencia democrática. Desaparece la confianza, piedra angular de la articulación de un Estado social de derecho. Sin horizonte y fuera de control, no hay más opciones que rebelarse, defender con la vida la dignidad secuestrada. El pacto social queda disuelto. Su gente busca rehacer la confianza rescatando tradiciones, valores y asentando nuevas bases de organización social, asumiendo responsabilidades y sabiendo que una decisión de este calibre puede conducir a la muerte. Pero no hay otra opción, salvo perder la dignidad y ser un muerto en vida. Javier Valdez sabía perfectamente las consecuencias de sus actos. Fue responsable, se comprometió con su pueblo, su gente, su historia, su familia. No buscaba fama ni pretendía convertirse en mártir. Simplemente retrataba cómo su ciudad, su estado, su país, al que tanto amaba, se desintegraban a manos del narcotráfico y autoridades cómplices, incompetentes, ajenas al sufrimiento de su gente, enriquecidas mientras amontonaban cadáveres de inocentes, que se negaban a torcer el brazo, ser vasallos, delatores o sicarios a sueldo.

Frases


“Tenemos que ayudar todos los días al nacimiento de la conciencia cuando no la haya, y al fortalecimiento de la conciencia cuando ya exista”

Hugo Chávez

Correos del Sur