La capacidad de sobrevivir del gobierno de Temer confirma la podredumbre del sistema político brasileño. Basta que un presidente, llegado al gobierno por medio de un golpe, agrade en todo y por todo a los bancos privados, use a su gusto todos los recursos posibles para comprar apoyos en el Congreso y aparezca como alternativa al retorno de Lula al gobierno, para que pueda sobrevivir. No importa si cuenta con un apoyo mínimo –del 5% - de la población y con el rechazo de una mayoría aplastante–, no importa si todos saben que él es el jefe de una banda que ha asaltado el poder, no importa si ni siquiera gran parte de los medios - incluida la cadena Globo - ya no lo apoya. No importa si el presidente de Brasil es víctima de escarnios también fuera del país –entre ellos el apodo de Mr. Fuera Temer- -, que nadie más toma en serio el mandatario del país más grande de América Latina. Demuestra que se puede ser presidente del país corrompiendo al Congreso, contando con complicidades del Poder Judicial, valiéndose del dinero como forma de mantenerse en el poder. El gobierno de Temer se ha vuelto el mejor gobierno que el dinero puede comprar en Brasil, así como el Parlamento y el Poder Judicial, cómplices del gobierno más corrompido que el país haya conocido.

Como se dijo aquí el lunes pasado, mientras el país agrario sigue bajo agua y la Patagonia en manos de personas y corporaciones extranjeras, el principal problema nacional sigue oculto y las tierras de los pueblos originarios que reclaman más de 8 millones de hectáreas sin títulos de propiedad pueden ser parte del infierno que viene. 

Los escándalos de corrupción que salpican al presidente Jimmy Morales se dan en la superficie mientras por debajo se trabaja en experimentar una nueva forma, mucho más eficiente, de dirigir una nación desde una instancia multilateral de la ONU, auspiciada principalmente por Estados Unidos.

Solía decir un viejo amigo que en política lo más peligroso es lo que no se ve. Expresión muy adecuada para describir una situación política que se va complicando peligrosamente porque los factores o causas que la originan pasan desapercibidas por los que toman decisiones, bien porque no se valoran correctamente o porque son subestimadas. Cuando este fenómeno avanza se genera un efecto explosivo o desencadenante porque se ha producido  una acumulación de factores que, no atendidos a tiempo o sencillamente postergados se combinan y potencian con efectos en algunos casos catastróficos para los estamentos políticos o los pueblos bajo su conducción.

La agenda mediática en el Ecuador ha sido ganada por una andanada de acusaciones sobre presuntos hechos de corrupción, ya desde el desarrollo del proceso electoral de principios de año en contra del Vicepresidente Jorge Glas Espinel; y ahora también con una arremetida en contra del Presidente del Consejo de la Judicatura, don Gustavo Jalkh. Esto ocurre en un proceso comunicacional que se desarrolla dosificando píldoras noticiosas que no logran mostrar ni una secuencialidad, ni una unidad temática, ni una contundencia fáctica y menos profundidad en los casos. Y por la manera como se trata comunicacionalmente el tema, podríamos hablar de la existencia de un proceso de enredo informativo hecho más para el espectáculo que para la justiciabilidad.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38