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No creo que en Venezuela exista un estado de guerra civil todavía. Sí aprecio una situación en extremo peligrosa que requiere ser atajada rápidamente.

Cada muerte que se produzca en Venezuela por las acciones golpistas que se desarrollan en ese país, debe ser acusada a la impunidad absoluta con que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro se ha colocado a la cabeza de la guerra contrainsurgente que libra Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro, que cuenta con la heroica resistencia de la mayoría del pueblo y las fuerzas armadas venezolanas.

Hay como que una mala tendencia en la opinión en redes de reaccionar triunfalistamente a cualquier contradicción o retroceso en el discurso guarimbero, convirtiéndolo automáticamente en una derrota o una "victoria", en esa limitada reflexión binaria. Como se ha venido desarrollando en la primera parte de este análisis, son fuerzas más pesadas, bajo una metodología clara, que pudiera (se subraya: pudiera) avanzar por encima de lo que diga o contradiga Freddy Guevara o cualquiera de los abortos de superhéroe con callos en las rodillas. Los adultos invisibles, y no el costoso preescolar de la MUD y sus alrededores, son quienes lo deciden. Y todo pareciera ir más allá. Y en esa dirección se está respondiendo.

El proceso, acelerado a partir del 2011, fue el siguiente: detectar a los líderes de bandas criminales -como el caso de El Picure-, darles formación, tecnificar el armamento, cambiar los métodos de combate, de crimen, brindar logística, retaguardia, incorporarlos a una estructura. Para afuera hampa común.

Siguiendo el guión pautado por los expertos y estrategos de la CIA especializados en desestabilizar y demoler gobiernos, en Venezuela la contrarrevolución produjo un “salto de calidad”: del calentamiento de la calle, fase inicial del proceso, se pasó a una guerra civil no declarada como tal pero desatada con inusual ferocidad. Ya no se trata de guarimbas, de ocasionales refriegas o de violentos disturbios callejeros. Los ataques a escuelas, hospitales infantiles y maternidades; la destrucción de flotas enteras de autobuses; los saqueos y los ataques a las fuerzas de seguridad, inermes con sus cañones de agua y gases lacrimógenos ante la ferocidad de los mercenarios de la sedición y el linchamiento de un joven al grito de “chavista y ladrón” son síntomas inequívocos que proclaman a los gritos que en Venezuela el conflicto ha escalado hasta convertirse en una guerra civil que ya afecta a varias ciudades y regiones del país. Si algo faltaba para caer en cuenta de la inédita gravedad de la situación y de la determinación de las fuerzas sediciosas de consumar sus designios hasta sus últimas consecuencias el emblemático incendio de la casa natal del Comandante Hugo Chávez Frías pone doloroso fin a cualquier especulación al respecto. 

Frases


"Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan y los que odian y deshacen."

José Martí