Marshall Eddie Conway, nacido en Baltimore (USA)  en  1946,  fue uno de los líderes del Partido  Pantera Negra. Pasó 44 años en la cárcel acusado de un crimen que siempre negó haber cometido. Está en  libertad condicional desde 2014. En una entrevista repasa la situación política mundial, y en especial la de los afroamericanos con una lucidez que la cárcel no pudo apagar.

Martin Luther King Jr. fue asesinado en Memphis hace cincuenta años. Tres años antes, en 1965, caía abatido Malcolm X. Ambos tenían 39 años y, aunque sólo se habían cruzado en una ocasión, y representaban vías diferentes, eran dos de los rostros más visibles de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. En 1964, Estados Unidos había acabado con el racismo legal mediante la aprobación de la Ley de Derechos Civiles, pero la legalidad y la realidad no siempre van de la mano y, sobre el terreno, la comunidad negra seguía segregada y reprimida.

Eran años de gran tensión social y violencia en el país. El presidente Kennedy había sido asesinado en 1963, su sucesor Lyndon B. Johnson enviaba miles de tropas a Vietnam y la década acababa con la victoria de Richard Nixon. En el campo de la lucha por los derechos de la población negra, surgía en 1966 una tercera vía: laica, revolucionaria, anticapitalista, socialista e internacionalista. Como respuesta a la brutalidad policial, Bobby Seale y Huey Newton fundaron en octubre de 1966 en Oakland, California, el partido Pantera Negra para la Auto-Defensa. Al contrario que Luther King Jr., y en sintonía con Malcolm X, no excluían la acción armada. Organizaron patrullas para vigilar a la policía. Su estrategia les puso en el punto de mira del temible J. Edgar Hoover, director del FBI, que terminó dinamitando a la organización con la infiltración de agentes en la organización y el asesinato de algunos de sus líderes en las numerosas delegaciones que el partido fue abriendo por el país. El retrato violento de la versión gubernamental sepultó la labor de asistencia sanitaria, alimentaria y educativa que ofrecieron en las comunidades donde trabajaban. En menos de diez años el partido quedó reducido a la nada.

Marshall ‘Eddie’ Conway (Baltimore, 1946) fue uno de los líderes de la delegación de Baltimore. Acusado por la policía del asesinato de un agente durante un tiroteo el 21 de abril de 1970, fue sentenciado a cadena perpetua por un crimen del que siempre se declaró inocente. Conway pasó 44 años en la cárcel. Salió en libertad condicional en marzo de 2014 después de que el Tribunal de Apelaciones de Maryland invalidara por irregularidades los juicios previos a 1980. Desde entonces, dedica su tiempo a trabajar como periodista de The Real News y a ejercer de voluntario en una de las zonas más castigadas de su ciudad, donde abrió una granja comunitaria. Al salir de la cárcel, Estados Unidos tenía al frente a un presidente negro.

– El partido Pantera Negra fue fundado hace 52 años. Usted ha pasado 44 años en la cárcel. ¿Ha merecido la pena el precio que ha pagado?

Siempre es duro el precio que pagas por la libertad, el que pagas por la dignidad, por ser tratado como un ser humano, siempre lo es. No es algo que te vayan a dar, lo tienes que lograr con tu cuerpo, con tu persona, con tu salud. Nunca merece la pena, en el sentido de que todos sufrimos y no deberíamos sufrir, porque deberíamos vivir en un mundo en que esto no sea necesario. Pero hay que hacerlo para no vivir oprimido, deshumanizado y también por tus hijos. Esa es una de las cosas que más me impulsaron, conseguir que mis hijos vivan en un mundo mejor.

– Estaba con el ejército en Alemania cuando decidió dejarlo y volver a Estados Unidos. ¿Cuál fue la razón?

Los levantamientos que se estaban produciendo en la comunidad negra de Estados Unidos. Pasé tres años en el ejército y me había apuntado para ir a Vietnam. Pero, leí un periódico en Alemania que contaba que habían enviado tanques contra la comunidad negra en Estados Unidos. Que los soldados apuntaban con sus armas de calibre 50, ametralladoras, hacia treinta o cuarenta mujeres negras que estaban protestando en una esquina. Eso hizo que me preguntara: ¿Voy a ir a Vietnam y hacerle eso a la gente de Vietnam por América, cuando América ha enviado al ejército a nuestra comunidad contra nosotros?

– ¿Se unió de inmediato al partido o cómo fue el proceso?

No. Volví pensando que había problemas en América, pero que podíamos arreglarlos. Empecé a trabajar en una organización pro-derechos civiles, la NAACP [Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color, la organización afroamericana más antigua], también con el CORE [Congreso de Igualdad Racial]. Pensábamos que el nuestro era un problema de dinero, que no teníamos el suficiente en nuestras comunidades para que nuestros hijos pudieran ir al colegio, comprarnos una casa, ir de restaurantes. Pero resultó que el dinero no era el problema. Que había un problema sistémico con el capitalismo y que nos estaba empobreciendo.

– ¿Cómo explicaría a un joven de hoy qué era entonces el partido?

Le diría que era una organización de orientación internacionalista y socialista que mantenía alianzas con gente blanca, negra, morena, nativos americanos, indios, etcétera, y que se extendió por el mundo. Había un partido Pantera Negra en Israel, en la Polinesia, en Nueva Delhi, India, en varios países de África, en Inglaterra, en el Caribe, etcétera. La filosofía de socialismo internacional y solidario fue la que convirtió al partido en algo tan peligroso. No la cantidad de gente con la que contábamos.

– Si tuviera que valorar su peso del partido Pantera Negra dentro del movimiento por los derechos civiles y sus logros, ¿cuál cree que fue su contribución?

Estoy empezando a apreciar el movimiento por los derechos civiles ahora que soy mayor. Tenían armas, aunque practicaran la no violencia, y las utilizaban si resultaban necesarias para protegerse. Fueron muy valientes y consiguieron muchas cosas, abrieron muchas puertas. No creo que el partido Pantera Negra pudiera haber existido sin una lucha anterior por los derechos civiles. Pero el problema era tan severo que los derechos civiles no eran realmente el tema. El verdadero problema eran los derechos humanos pero, incluso más allá de ellos, era la justicia económica. El capitalismo frente al socialismo.

– ¿Ha sido justa la historia oficial con el papel del partido?

No. La narrativa ha sido controlada y promovida por el gobierno y es parte de lo que utilizaron para justificar nuestra destrucción. Crearon una imagen de militantes negros llenos de rabia, contrarios a los blancos, armados y con una posición nacionalista. Nuestra imagen de gente armada la crearon ellos. Fue una imagen que permitió que mucha gente en la comunidad negra la comprara, y eso, a largo plazo, nos perjudicó. Porque cada vez que nos atacaban, nosotros contraatacábamos. Y así se justificaban. Eran ellos quienes controlaban la narrativa y eso les dio licencia para destruirnos.

– Edgar Hoover y el FBI. ¿Cuál fue su papel en la caída del partido Pantera Negra?

Hoover fue el arquitecto del programa COINTELPRO de contrainteligencia [Martin Luther King Jr. sufrió también el espionaje y las malas prácticas de Hoover]. Creó ese programa, que fue el que le dio al FBI el poder de controlar todas y cada una de las agencias gubernamentales de Estados Unidos. Utilizaron los recursos del gobierno de Estados Unidos para desarrollar programas que destruyeran, de todas las formas posibles, a individuos y a las diferentes divisiones.

– El partido Pantera Negra duró poco pero, ¿y sus ideas? ¿Hay razones hoy para un nuevo partido Pantera Negra?

No. Hoy hay razones para pensar en la liberación, para pensar en el socialismo, para pensar en la solidaridad internacional. El partido Pantera Negra tuvo su momento en la historia y no creo que pueda duplicarse. Pero, más allá de que no se pueda duplicar, también cometimos errores, errores en cuanto a la estructura jerárquica que creamos, con un liderazgo desde arriba.

La gente joven de hoy, en Estados Unidos y en todo el mundo, trabaja de forma horizontal y sin liderazgo. Creo que esa es una mejor forma de organizarse. Grupos como ‘Black Lives Matter’ (Las Vidas de los Negros Importan) o ‘Environment Matter’ (El Medio Ambiente Importa) funcionan en la línea de los derechos humanos. Los anti-fascistas quizá están más en el punto del partido Pantera Negra, ellos devuelven los golpes.

– Hay un debate muy caliente en estos tiempos: los padres de la Constitución de EEUU pensaron en la Segunda Enmienda para permitir que la gente se pudiera defender de un gobierno tiránico. ¿Hay alguna razón para que en 2018 siga en pie la Segunda Enmienda?

Sí. Hay al menos 300 millones de armas en Estados Unidos. Mientras haya 300 millones de armas en Estados Unidos, ¡yo quiero la mía! [Risas].

– ¿Tiene una?

No, no puedo. Estoy en libertad condicional. Pero no creo que se deba desarmar a nadie ahora, considerando la polarización que hay, el racismo, el tipo de retórica que sale incluso de la Casa Blanca… Para mí [Trump] es Hitler en 1930, antes de los campos de concentración. Necesitamos mantener nuestras armas.

– Para la comunidad negra de Estados Unidos, ¿qué está mejor y qué está peor hoy, medio siglo después?

¿Mejor? Que un pequeñísimo grupo de gente negra ha ganado en riqueza, se ha unido a la clase capitalista, se han convertido en millonarios, en empresarios, etcétera. ¿Qué está peor? Que alrededor del 90% de la comunidad negra se ha empobrecido enormemente, incluso más allá de lo que ya lo estaba en los 60, si lo comparas con el coste de la vida y el valor del dinero, etcétera. La pobreza ahora es más profunda y peligrosa, no sólo porque la red social de seguridad ha sido prácticamente destruida, sino porque han desmantelado el sistema de protección delante de nuestras narices.

– Estaba en la prisión cuando Obama ganó y se convirtió en presidente. ¿Qué significa Obama para usted?

George Bush estaba al frente del imperio y la cagó. Llegó Obama y se convirtió en una especie de Bush ‘light’, hizo las cosas que Bush no había podido hacer. Bush no pudo recolonizar África, Obama llegó y envió tropas a África: a Somalia, a Níger… Empezó a construir la base aérea más grande en África. Llegó y, junto a Francia, destruyó a Gadafi. Llegó y ayudó a destruir Yemen. Llegó y se intensificó la guerra civil en Pakistán, en Waziristán, en el Oeste de Pakistán. Llegó y puso las botas sobre el terreno en la guerra civil del sur de Filipinas. ¿Por qué dijo que él iba a librar guerras inteligentes? Al llegar, había cuatro guerras en marcha; al marchar, dejó ocho. Muchas de ellas no son oficiales, pero son guerras al fin y al cabo. Eso es algo que hizo.

Otra cosa que hizo, y no fue culpa suya, así que en cierto modo le voy a disculpar por ello, es la gran recesión de 2008, que destruyó el 50% de las riquezas que la comunidad negra había acumulado desde la esclavitud hasta 2008. Perdimos nuestras casas, perdimos nuestras jubilaciones, nuestro dinero, los ahorros de nuestros abuelos. Desapareció el 50% de nuestra riqueza. Obama regaló trillones de dólares. Se los dio a la banca, a las constructoras, a Wall Street…, pero no le dio nada a gente de la calle. Y tenía los recursos. ¡Era nuestro dinero! Y fue todo a parar a Wall Street. Ese es otro delito.

Pero su mayor crimen, y mucha gente no lo ve… De hecho son dos cosas… Es algo llamado NDAA, National Defense Authorization Act [Acta de Autorización de la Defensa Nacional]. Se aprobó en 2012 y permitía al presidente, o a alguien que él designara, declarar enemigo del Estado a cualquiera en cualquier parte del planeta. Es la ley de los campos de concentración, porque lo que significa es que ahora mismo el ejército puede venir, secuestrarnos a todos y hacernos desaparecer. Nuestras familias no tendrían derecho a decir nada, no tendríamos ningún tipo de derecho legal… ¡Es la ley! Es la sección 10/21 y 10/22 en la NDAA de 2016. Lo otro que hizo, y lo hizo de forma muy astuta –en esto le doy todo el crédito–, es que proporcionó más equipamiento militar a los departamentos de Policía de todo el país que todos los presidentes anteriores juntos. Y después de Ferguson [las protestas en 2014 tras el asesinato policial de Michael Brown], dijo: “Esto tiene que acabar”. ¿¡Quién ha militarizado a la policía!? ¡Fue él!

 

          

Fuente: Pajaro Rojo

Frases

“No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, buscar atrás, buscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto”.

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº85

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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