El filósofo explica por qué cree que la metafísica contamina el debate sobre la despenalización del aborto. Crisis de representación, revolución feminista y elogio del conflicto.

“Política, no metafísica”. El filósofo Darío Sztajnszrajber resumió en tres palabras el sentido de su exposición en el plenario parlamentario que debate la despenalización del aborto. Para el autor de Filosofía en 11 frases y protagonista de “Salir de la Caverna” -uno de los espectáculos donde combina música y divulgación filosófica-, la discusión debería alejarse de los dogmas y resolverse en el terreno pragmático. Al fin y al cabo, sostiene, “no se trata de determinar el origen de la vida sino ponerle fin a la muerte evitable de miles de mujeres”.

En diálogo con Zoom, Sztajnszrajber profundiza los conceptos que esbozó en su presentación de siete minutos en el Congreso. “Además del texto de (John) Rawls que yo cité al inicio de la exposición, hay otro texto de Richard Rorty -La prioridad de la Democracia por sobre la Filosofía- que va en esa dirección. Y es particularmente interesante, porque Rorty era un liberal de izquierda, lo que lo lleva a sostener con mucho énfasis la distinción entre lo público y lo privado. Por ejemplo dice que hay autores que son muy enriquecedores para la vida privada y para el desarrollo de nuestra vocación existencial, que nos pueden ayudar muchísimo a reinventarnos a nosotros mismos de la puerta de casa para dentro, pero que en términos de política pública son autores que pueden resultar dañinos, porque su filosofía se puede volver autoritaria. Es complejo y discutible el concepto -igual siempre quedará la pregunta abierta sobre cómo sería un orden social nietzscheano-, pero es interesante la lectura que hace Rorty de separar lo público y lo privado, porque termina diciendo algo así como que en definitiva en una sociedad democrática tendrían que existir las condiciones de posibilidad para que el que quiera ser nietzscheano en su vida lo sea y el que quiera ser cristiano lo sea también. Esa resolución desde el pragmatismo político me parece clave a la hora de discutir el aborto”.

—O sea que, a contramano de lo que sostienen los legisladores que promueven votar “a conciencia”, la convicción privada no debiera ser determinante en una decisión de política pública…

Claro. Por eso creo que más que dedicarnos al debate filosófico-religioso-metafísico acerca de “qué es la vida, que es la muerte, cuando empieza o termina una persona”, que son debates fundamentales para que uno después defina su propio lugar en el mundo, debiéramos tener un enfoque pragmático. Porque los metafísicos son debates que nunca van a llegar a un común, es más, diría son más ricos esos debates cuando no llegamos a un acuerdo común.


En esto discrepo de la idea de que sobre el aborto tenemos que llegar a una postura en común y que entonces la sociedad crece si así lo fuera. No, la sociedad crece si cada uno puede desarrollar su propia concepción del bien y del sentido sin que otro le esté con el dedito exigiendo que se mueva de lugar o, peor, que desde una de las tantas concepciones del mundo se instalen el orden público e institucional como si fuese universal, y no decidiendo sobre la particularidad.


—¿Percibis más metafísica que pragmatismo en el debate?

Desconozco las proporciones, pero es evidente que se intenta llegar a un acuerdo sobre cuestiones metafísicas donde, insisto, ni siquiera estaría bueno que haya acuerdo, mientras hay urgencias que necesitan de una resolución más pragmática. Que las mujeres dejen de morir en los abortos clandestinos es una decisión que hay que tomar, te diría, casi con una mirada de ingeniero, por fuera de la disquisición filosófica y con una planificación mucho más pensada desde la gestión política, en el sentido de gestión de salud pública. O sea: si en nombre de una metafísica no se resuelven los problemas de la crueldad, entonces la metafísica al final resulta cómplice de esos padecimientos. La prioridad de la política sobre la metafísica tiene que ver también con que si la política es un ejercicio de poder, está claro que no hay una condición igualitaria en el acceso al poder de todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestra sociedad. Hay en el caso de la mujer un acceso restringido. Porque si el argumento principal es que la mujer no es dueña de su propio cuerpo: Ia expropiación de la corporalidad la coloca en un lugar restrictivo. La mujer viene entramada en este sojuzgamiento histórico que la coloca en este lugar de ciudadana de segunda. Un estado laico democrático moderno tiene que garantizar que haya acceso igualitario a la democracia, y hoy esa democracia en relación al cuerpo de la mujer está limitada porque no tiene libre poder de decisión.

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—El debate se inició con una curiosidad: fue habilitado por un presidente que se manifestó en contra. ¿Es un gesto de sensibilidad o fue especulación político-marketinera?

La pregunta de base es si la política es expresión de lo que sucede y lo que circula en la sociedad, o la política direcciona a la sociedad habilitando perspectivas, no diría “manipulando” porque entraríamos en otro tipo de conflicto, pero si anticipándose a ciertos cambios, es un lindo debate de teoría política. De todos modos, con independencia de las motivaciones gubernamentales, lo que entra en tensión acá es que el feminismo está revolucionando la política con su empuje emancipatorio. Diana Maffía en alguna oportunidad me dijo algo así como que los grandes logros feministas siempre se dieron en situaciones “oportunistas”, subiéndose sobre una oportunidad que no estaba pensada para favorecerlas. A ese comportamiento histórico se suma ahora que el feminismo se consolida como hecho político frente a un tipo de representación que está en crisis. Por eso creo que estamos asistiendo a movimientos geológicos de las capas tradicionales de la política.

—Hasta ahora se ven dos estrategias claras en el debate. Quienes tiene una postura favorable convocaron a figuras públicas con la idea de agitar conciencias más afuera que adentro del Congreso. Los anti, hicieron un despliegue de poder institucional: lideres religiosos, científicos y juristas influyentes. ¿Tendrá más peso el Palacio o la calle?

Con el matrimonio igualitario la ley salió a pesar de una opinión pública no sé si aún al día de hoy está a favor. Pero por suerte la ley ya es ley y probablemente a partir de su implementación institucional y su cotidianización muchos ciudadanos han podido moverse de sus lugares fijos. Creo que en el caso de la despenalización aborto obviamente se busca provocar una opinión pública que termine de definir su postura. Y es cierto que los diputados suelen ser, sobre todo en estos tiempos de espectacularización de la política, muy sensibles a lo que dicen las encuestas, a la opinión de los “influencers”. También hay grandes grupos de poder que parecerían estar tomando partido a favor de la ley. Creo que el grupo Clarín, por ejemplo, está mucho más cerca de la ley que en contra. Esta onda positiva podría llegar a terciar sobre el voto de los dubitativos, los que están esperando a último momento para ver qué sucede en la calle.

—Una de las promesas de campaña de Cambiemos era “cerrar la grieta”. De algún modo, el debate por el aborto cerró la grieta partidaria -hay kirchneristas y macristas en ambas posturas-, pero destapó otra ligada a la democracia y el acceso a los derechos. ¿La grieta es parte de nuestro comportamiento político y social?

Yo quiero proponer pensar el tema de la grieta desde otro lugar. Yo desconfío de aquellos que proponen terminar con la grieta porque me parece que siempre detrás de un argumento conciliatorio hay un ejercicio de poder. O sea: la grieta la cierra siempre alguien de alguno de los lados de esa grieta que terminó imponiendo su propio interés como interés público.


El paradigma de la Argentina unida pensando todos del mismo modo no habla bien en términos democráticos y plurales de la diversidad que constituye cualquier orden social. Entonces es obvio que nunca va a haber acuerdo absoluto sobre el aborto. Por eso yo lo que propongo es poner entre paréntesis las diferencias y que hagamos política, lleguemos a acuerdos de convivencia donde esas diferencias se respetan.


Ahora volvamos al tema de la grieta: para mí la salida de la grieta es la profundización de la grieta, es el agrietamiento permanente de la vida social. Entender que pensar en cerrar grietas es ir en contra de la democracia, que postula la posibilidad del conflicto como forma de potenciar las diferencias. En mi casa no busco cerrar la grieta con mi pareja, con mis hijos, lo que hago es convivir con las diferencias. Es más, habría que tener una política intensiva de evidenciar cada vez más los conflictos para salirse del efecto normalizador que tiene el poder, que en nombre de la despolitización lo que hace es proponer la disolución de grietas para imponer su propia lógica.

¿Promover la grieta para profundizar la democracia?

No es que quiero el conflicto, sino que la realidad es conflictiva. Hay conflicto porque nacemos para morir, hay conflicto porque no somos un yo coherente

sino múltiples fragmentos en disputa, hay conflicto porque permanentemente el encuentro con el otro es un encuentro donde se postulan diferencias. Acá lo que se fue produciendo a lo largo de la cultura humana es la negación del conflicto porque es laborioso tener que convivir con el otro .Desde esa perspectiva, ni el aborto ni el feminismo disuelven la grieta. En todo caso romperán una grieta que no es vertebral de la vida social, que es la grieta partidocrática entre kirchnerismo y macrismo, pero evidentemente se abren otras. El feminismo lo que hace justamente es repolitizar, o sea re agrietar aquellas zonas que hasta hace poco se consideraba que funcionaba bien.

—La transversalidad del feminismo expresa la contracara de la democracia de partidos, donde se agrupan individuos que comparten afinidadades ideológicas y objetivos. ¿La democracia de partido está en su ocaso?

Creo que como en todo una cosa es lo coyuntural y otra cosa es una idea más estructural acerca de la política. En términos coyunturales, el dispositivo de la política tradicional hoy vigente, sigue siendo el camino como para pensar y poner en práctica las diferentes ideas. Hay que echar mano a la política tal como hoy existe como una forma de poder llevar a cabo utopías, proyectos emancipadores. Para aquellos que nos sentimos interpelado por ese tipo de ideario no no hay otro lugar hoy que la política como para llevarlo a cabo, con la distancia crítica necesaria para entender que esa política no te representa ni expresa en su totalidad. Incluso diría que encorseta muchas veces gran parte de lo que uno pretende realizar. Pero si admitís el juego de la política, bueno entonces es como el fútbol: al interior del juego de la política todo vale en la medida en que se atiene a ese sistema de reglas. Por ejemplo, si parte de la política es el acuerdo y la negociación, entonces no podés después salir con una postura purista cuestionando a los que acuerdan, porque si no entonces el acuerdo es sólo una herramienta válida cuando lo realizás vos e inválida cuando lo realiza el otro. Creo que si uno acepta el juego de la política, hay que aceptarlo con todas sus reglas. Ahora si vamos a una cuestión más de fondo, estructural, es evidente que existe lo que podemos llamar en términos generales la crisis de representación de la política tradicional, que incluye el sistema de partidos.

—¿Cambiemos es emergente, beneficiario o parte de esa crisis?

Creo que Cambiemos sacó tajada antes, vio que allí había un foco en crisis, y entonces pudo enhebrar ese diagnóstico de crisis con lo que el modelo de Cambiemos representa más históricamente, que es un modelo de despolitización de la sociedad civil. Despolitización que tiene como fundamental objetivo priorizar la mercantilización de la existencia. Porque detrás de la despolitización, lo que ellos presentan como forma natural del lazo social es el mercado. Uno puede, desde otra posición, decir “muchachos eso también es política”, y polemizar acerca de la relación entre política y economía.


En el mundo y en Latinoamérica las derechas han sabido muy bien capitalizar la crisis de la política tradicional con su propuesta de despolitización. En ese contexto, un error de las posiciones progresistas es defender la política tradicional. Compartimos el diagnóstico con las derechas de que hay una crisis de la representación de la política, pero nuestra propuesta está exactamente en las antípodas de la derecha. Proponemos en todo caso la repolitización general de la existencia. O sea, ante la crisis de la política tradicional, decirle “no” a la antipolítica y “sí” a la ontología política, sostener que todo es político.


Ahí es donde reivindico el lugar del feminismo, por ejemplo, como un gran ejemplo de que lo que se exige es ir vislumbrando las relaciones de poder en aquellos lugares que la política tradicional abandonó. La frase feminista “lo personal es político” va en esa dirección.

—¿Construir un futuro colectivo desde la reivindicación individual?

Habría que realmente repensar lo popular insistiendo básicamente en el lugar de la otredad y no tanto continuando con las categorías políticas modernas que generan lo que para mí es una antinomia no inconducente, que es la antinomia entre lo individual por un lado y el colectivo por el otro. Lo nacional expresa un yo ampliado, expandido, pero que también puede dejar afuera a algún otro. La política debiera priorizar la existencia de ese otro. Entiendo entonces, en términos de Emmanuel Lévinas, que si la política no está al servicio del otro no es política, sino negocio.

*Por Adrián Murano para Zoom / Fotos: Georgina García

 

       

Fuente: LaTinta

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº65