Entrevista con Atilio Romero, que aunque es arquitecto, y no periodista, es una institución dentro de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central.

Allí labora como docente desde los años setenta. Su experiencia como especialista en campañas electorales también se remonta a esos tiempos, ya históricos, pues fue artífice, junto a personalidades como Jacobo Borges y Régulo Pérez de las entonces muy disruptivas propuestas de propaganda electoral de la nueva izquierda de entonces, que encarnó el Movimiento Al Socialismo.

En su calidad de experto electoral, Supuesto Negado conversó con él, con el tema de la naciente campaña presidencial como foco. Sin esperar a preguntas formales, el profesor Romero comienza a exponer sus planteamientos. Dice que uno de los problemas fundamentales de la oposición es que cuando viene de una derrota se comporta como si hubiese ganado, y cuando gana una elección se comporta como si ya hubiese aplastado al chavismo.

“Ese no reconocimiento de haber sido derrotados hace que tomen decisiones de ganador, algo completamente equivocado. La única excepción es que, ajustados al modelo de Harvard, solo negocian cuando están perdiendo. En cambio, el gobierno trabaja con otro modelo que propone negociar siempre”.

¿Cómo se entiende que, después de tantos años en el ejercicio del gobierno, y de una crisis económica tan profunda, el chavismo esté mejor colocado que la oposición?

-El gobierno no las tiene todas consigo, pero ese ejercicio de la administración le ha otorgado unas posibilidades inauditas. Es complicado entender a Maduro como el capitán victorioso… Más allá de ese artículo de (Ignacio) Ramonet, que le atribuye doce victorias, ellos han logrado, desde el punto de vista emocional, apasionar y cohesionar a su sector político, a pesar de que (el presidente) ha repartido piña pareja hacia adentro, como está haciendo ahora con Rafael Ramírez. En ese escenario, Maduro avanza y mientras más rápido sean las elecciones, mejor le va a ir porque el chavismo está emocionado, se siente victorioso, se siente en avance, conquistador de la paz, mientras la oposición está absolutamente deprimida por las recientes derrotas y desconfiada en sus propios liderazgos.

Romero explica que esa condición de las masas opositoras pudo apreciarse claramente en “el drama de la recolección de las firmas de Voluntad Popular, Primero Justicia y hasta de Acción Democrática, a pesar de que este partido sí logró completarlas”

¿Cómo se ve el electorado hoy por hoy, matemáticamente?

-El gobierno podría montarse en un 30 o 35%, quizá hasta 40%, pero el otro 60% está fuera, dividido entre un 20% de radicales y el resto repartido entre diversas opciones. Viéndolo desde el campo de las emociones, tenemos una población inhibida, una deprimida y otra motivada. En ese escenario, Maduro tiene todas las de ganar. Claro que no va a reunir los diez millones de los que tanto se habla, pero tiene el primer chance.

¿Ante ese cuadro, qué hace la oposición?

-Es notorio, todos los analistas lo dicen, que está dividida en tres grandes bloques: el insurreccional (María Corina Machado, Enrique Aristiguieta Gramcko, Soy Venezuela), que es "antisistema", como la izquierda de los 60; el sector que piensa que la mejor opción para derrotar al chavismo es integrarse al sistema, en el que estaría trabajando duramente Henri Falcón; en el medio está el grupo del merengue, de la ambigüedad, los que tienen plan A y plan B, donde están los “cuatro jinetes del apocalipsis” (AD, UNT, PJ y VP).

Romero estima que el partido opositor que ha salido hasta ahora mejor librado es AD porque logró reposicionarse, pues tiene cuatro gobernadores y 25 alcaldes. “VP y PJ no tienen nada”.

¿Cuál es el mejor y el peor escenario para Maduro?

-El más ventajoso sería lanzarse contra unos candidatos simbólicos: María Bolívar, Carlos Pérez, o él solo. La abstención va a ser altísima, pero en Venezuela eso no vale jurídicamente. Puede ser que lo sancionen internacionalmente… ¿pero ya no lo están sancionando desde hace tiempo? Será ilegítimo entre aquellos que ya lo consideran ilegítimo, los que piensan que la Asamblea Nacional Constituyente no sirve. Ese es el mismo escenario de las elecciones de alcaldes. El más riesgoso es que se lance un candidato único opositor que pueda recoger el descontento y venza a la abstención. Pero ese candidato tendría que tener las condiciones ideales para aglutinar el voto derivado de la confianza que genere y, a la vez, el voto castigo, de protesta contra el gobierno. Eso ha ocurrido en otros lugares, por ejemplo, en Italia surgió la Stelle (Movimiento 5 Estrellas), con Beppe Grillo, un cómico, a la cabeza; o Podemos en España, al comienzo. Eso sería un mecanismo de posicionamiento.

¿Ese sería el caso de Lorenzo Mendoza?

-Bueno, no es seguro que él se lance. Es más, yo diría que si se lanza demostrará que es bolsa. Primero porque no es seguro que vaya a ganar, y segundo porque puede perder la Polar. Además, ¿ser presidente para gobernar con quién… ¿con estos mismos de la MUD? ¿Salvarles la vida a unos partidos fracasados? La única opción para él sería lanzarse con un movimiento que rechace por igual al gobierno y a la vieja oposición, ofrecer un gobierno para la nueva Venezuela. Si se mete en un consenso, le sucederá como a Irene Sáez cuando Copei le dio el beso de la muerte. Si él se involucra en esto con la MUD, va a quemar a Polar. Si quiere hacerlo, debería comenzar por decir que para salvar al país ha fundado un nuevo movimiento.

Acotó el experto que empresarios que han incursionado a la política en otros países han creado primero sus propios partidos o frentes. Citó entre ellos a Silvio Berlusconi, en Italia, Mauricio Macri, en Argentina y Sebastián Piñera, en Chile.

La candidatura de Mendoza requeriría un poco más de tiempo. ¿Cierto?

-Claro, porque necesita darse a conocer. La gente no lo ha visto. En la estrategia comunicacional desarrollada hasta ahora, él no existe. Además, no tiene un Twitter personal activo… El sistema corporativo lo tiene cercado. La campaña tendría que empezar por decirle al país que “este que está aquí, con los lentecitos, es Lorenzo Mendoza”. El nombre es conocido, la idea corporativa existe, es fuerte, pero también tendría vulnerabilidades. El gobierno podría culparlo de que la gente no tenga harina Pan.

La guerra económica se volvió creíble

¿Cómo se explica la popularidad de un presidente en medio de una crisis económica tan severa?

-Hay dos explicaciones. Una es que el gobierno ha sido efectivo en los CLAP, ha logrado proteger su votación. No digo que sea efectivo como proceso, sino que la gente lo percibe como una protección. Por eso Maduro puede decir “yo soy el protector, yo te ayudo”. El segundo elemento es que la guerra económica se hizo creíble con las sanciones. Antes no era creíble. La gente hacía chistes, decía que el gobierno había inventado una guerra y, encima, la había perdido. Pero desde el momento en que Trump anuncia sanciones la hizo creíble. Habría que preguntarse cuánto le pagó el PSUV a Tump… ¿será que, a través de los rusos, le pasaron unos reales? Entonces, eso cambió las cosas porque el venezolano es patriota, nacionalista, se cree libertador. Aquí un bebé nace y en la maternidad parece que le meten una inyección para que grite “¡Viva Venezuela, mi patria querida!”.

Entonces, llega un tipo y dice que va a meter presos a los funcionarios, y viene el asunto de los perniles que no llegaron por culpa de esa gente… En los sectores más radicales de la oposición, eso se ve como una salvación, pero en las grandes masas, esas sanciones hicieron creíble la tesis de la guerra económica. Ahora, frente a ese planteamiento creíble de que hay una guerra, tienes un actor que te defiende, te da plata para que te salves, ese sujeto se convierte en la figura del padre protector, que es el modelo del Partido Republicano en EEUU.

¿Por más que haya ineptitud y corrupción?

-Claro, porque es mi papá, aunque se eche palos, le pegue a mi mamá, tenga una amante en la esquina… pero se ocupa de mí. Hay algo de eso.

Solo votos en contra

Romero opina que el drama de los líderes opositores es que no han construido un voto por ellos mismos, sino el voto en contra del gobierno. “Capriles tuvo, durante muchos años, la posibilidad de desarrollar una obra, primero en Baruta y luego en Miranda, pero prefirió no hacer nada porque si la gente se sentía bien iba a favorecer al gobierno nacional. Una vaina loca, pero es así porque su foco no era generar una obra, sino sacar a Chávez o a Maduro. Una actitud distinta tuvieron Henrique Salas Römer en Carabobo y Manuel Rosales en Zulia: plantearon que si yo hice esto acá en la región, puedo hacer lo mismo en toda Venezuela. Pero si no tienes una obra, lo único que puedes decir es que eres el candidato que va a sacar a Maduro del poder. La gente no votó por esos candidatos, sino contra Chávez o contra Maduro”.

¿Usted ve alguna posibilidad de que se desarrolle un liderazgo en la oposición?

-El único que puede verse exitoso es Ramos Allup porque ha logrado reconstruir el partido, pero eso es puertas adentro. Los de Primero Justicia se quemaron todos o están inhabilitados. Hay gente que ha pensado en buscar a un comediante, como Laureano Márquez, alguien que pueda hacer algo como la Stella de Italia, construir un modelo. Pero resulta que es español… En fin, podría ser una figura así, un cantante, un deportista, pero tiene que ser alguien que esté dispuesto a someterse a un proceso de descalificación sustantiva. Debes tener estómago porque te van a volver ñoña, sobre todo ahora con esos bot que te pueden tirar 50 mil mensajes en redes sociales diciendo que te pusiste una peluca y saliste a perseguir a un carajito de quince años…

Campaña lista

Romero afirma que el gobierno está jugando con un guión muy claro, y su estrategia es, obviamente, acelerar el proceso. “Ya tiene jingle, logo y todo”, dice.

¿Como experto, qué le han parecido esos componentes vistos hasta ahora?

-Una cosa interesante del jingle es que Chávez desaparece, es nada más que el legado. La pieza se centra en Maduro. Hay una segunda parte que destaca sus atributos personales, y una tercera parte que muestra las pruebas de su buena gestión: el carnet de la patria y ese tipo de cosas. Es interesante lo de los atributos porque hasta ahora no se había hecho campaña sobre él, específicamente. Acá se está incursionando en lo clásico: la biografía, la historia, la idea mesiánica, los apóstoles diciendo “ese tipo es arrecho, altísimo, buenmozo, interesante”. Todo eso se resume en la M del logo. En cuanto al eslogan, tengo que decir que es muy masista. En los primeros años del MAS lanzamos aquellas consignas de “Juntos somos MAS” y “Sí podemos, somos MAS”… bueno, la de Maduro es “Juntos podemos más”.

La oposición debería pensar a largo plazo

Romero insiste en comparar a la actual oposición venezolana con la izquierda derrotada de la lucha armada que no quería tomar conciencia de su fracaso.

-Ante una elección hay cuatro posibles posturas: abstención, voto nulo, participación para posicionarse y participación para ganar. En un escenario en el que no se cuenta con el mesías que pueda captar votos blandos del gobierno, votos blandos de la oposición y crezca en el centro, lo que se puede hacer es posicionarse para dentro de seis años. Pero la oposición nunca ha querido hacer eso. No lo hizo ni siquiera cuando tuvo su gran oportunidad, luego de ganar las parlamentarias de 2015. Pudo haber construido un polo para las presidenciales. Pero no, al ganar la Asamblea Nacional actuaron como si ya hubiesen llegado al poder.

¿Cuál fue el factor clave para que esa victoria no significara el cambio definitivo de la correlación de fuerzas?

-La nueva AN empezó en enero de 2016 y Henry Ramos enloqueció. Es que, cuando pierde, la oposición dice que hubo fraude, y cuando gana se comporta como si ese es el momento final. No quieren entender que en esa oportunidad obtuvieron muchos votos en contra del gobierno, pero eso no significaba que fueran a favor de ellos. En realidad, desde que Maduro gana las elecciones con poco margen, la oposición actuó bajo la premisa de que “el tipo está caído”. La oposición juega suma-cero, mientras el gobierno juega posible-imposible. Cuando se juega suma-cero solo existen las alternativas de ganar o perder. En cambio, si se juega posible-imposible, hay una variedad de opciones. Eso le ha permitido recuperarse de una victoria con poco margen y de una gran derrota. Desde que perdió la AN en diciembre de 2015 hasta el 30 de julio de 2017 lo que hizo fue recuperar terreno.

¿Cómo se explica ese fenómeno?

-Ha logrado cohesionar su base de datos. Eso es algo mágico porque ha sistematizado las políticas públicas. Antes todo era una cantidad de dinero sin conexión entre programas. No se sabía quién le daba a qué. Bueno, se hizo una big data (nombre que no le gusta a Jorge Rodríguez) de 16 millones y ha desarrollado un modelo actualizado y eficiente de realidad aumentada, el QR, lo que le ha permitido reconstruir las políticas sociales. Ahora no hay un conjunto de programas, sino una sola política, coordinada por un carnet. Eso permite tener un contexto claro de cada persona: dónde trabaja, qué beneficios recibe, etcétera. Eso conduce a un control, no electoral, pero sí de la vida pública. Se puede saber quién escribió qué, quién se molestó, quién mandó un mensaje…

¿A lo George Orwell?

-Orwell es un muchacho de pecho al lado del carnet de la patria. Por eso es que la oposición ha quedado turulata.

Uno de los discursos reiterativos de la oposición es el que apunta a la descalificación del chavismo por su supuesta torpeza e ignorancia. ¿Cómo se explica que gente más inteligente y culta sea derrotada por brutos e incultos?

-Esa ha sido una campaña permanente, porque antes de Maduro se la aplicaron a Chávez. Decían que era negro y bruto, así como ahora a Maduro le dicen burro. Hay que ver lo que pasó entre Jaime Bayly y Poleo porque este dijo que Jorge Rodríguez es inteligente. Claro que Bayly lo hizo porque le da 'rating', pero en el fondo está la cuestión de que no se puede aceptar que un tipo chavista sea inteligente. Lo peor de esa campaña de descalificación es que quienes la propagan se la han creído. Si yo soy un dirigente político, puedo decir cosas falsas para que la gente se las crea, pero si yo mismo termino por creerlas, pierdo el control. Los dirigentes de la oposición han hecho creer, sobre todo a sectores de la clase media, que son superiores a los negros pata en el suelo, pero esa creencia se ha convertido en un hándicap porque ellos mismos le dieron crédito a esa superioridad. De allí viene el punto ese de que Maduro es bruto. Pero resulta que el bruto te está ganando en una pelea de inteligencia. La sala situacional de Miraflores funciona porque tienen escenarios, se mueven, lanzan provocaciones, manejan variables. La oposición parece que no tuviera una sala situacional, sino una sala confusional porque no entienden lo que pasa.

Para finalizar, Romero lanza una sentencia: “No sabemos lo que puede hacer la oposición porque no actúa en lógica política. Se puede explicar por qué el gobierno hace lo que hace, pero con la oposición eso no está claro, entre otras razones porque no es una sola oposición, sino varias oposiciones y cada sector tiene un plan y no logran ponerse de acuerdo. Eduardo Fernández se los dijo una vez: el gran problema es la desconfianza que existe entre ellos mismos. Eso es lo que les impide construir un acuerdo ni siquiera mínimo. Esta mañana decía una estudiante en uno de mis cursos que “el problema es que la oposición alcanza la perfección máxima en materia de contradicción”. Cada tipo dice una cosa distinta sobre cada tema todo el tiempo. Entonces, el pobre militante se queda desconcertado. Por ejemplo, en Baruta dice Primero Justicia que no va, pero sale un candidato que es de Primero Justicia pero no es de Primero Justicia. Luego le dicen a la gente que deben votar por ese candidato para que no gane Kico (Francisco Bautista) porque ‘es comunista’. Hay que sentarse una hora para entender qué es lo que está pasando. La lógica no tiene dirección, es momentánea, no hay estrategia ni táctica y las operaciones no son racionales. Es una comunicación del desconcierto”.

 

       

Fuente: Diario VEA

Frases

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº56