El canciller de Venezuela recibe a NODAL en su amplio despacho de la cancillería el día después de las elecciones regionales del 15 de octubre que fortalecieron al chavismo al haber obtenido 18 de las 23 gobernaciones del país. Jorge Arreaza tiene estudios en relaciones internacionales y es un versado de la política mundial más allá de su función actual. Ocupó diferentes cargos políticos de alta responsabilidad tanto con Hugo Chávez como con el actual presidente Nicolás Maduro. Fue Ministro de Ciencia y Tecnología, Vicepresidente Ejecutivo entre 2013 y 2016, Vicepresidente del Área Social y Ministro de Desarrollo Minero Ecológico entre tantas otras funciones.

A diferencia de numerosos cancilleres que siempre están rodeados de asesores que van y vienen teléfono en mano como si estuviera a punto de desatarse una guerra, Arreaza está apenas acompañado por una asistente y un mínimo equipo para garantizar la correcta filmación de la entrevista. El despacho es muy grande pero sencillo y se destaca un cuadro de Simón Bolívar, además de un gigantesco mapamundi con las correctas escalas y el Ecuador en su lugar, como corresponde.

El andar del canciller es tranquilo, así como su forma de hablar, sin estridencias ni palabras fuera de lugar, cuando podría estar eufórico por el triunfo del chavismo en las recientes elecciones, un resultado “inesperado incluso para nosotros”.

Tampoco pierde la calma cuando define de manera tajante al presidente Donald Trump como “muy peligroso para toda la humanidad”, o dice que Venezuela está preparada para afrontar una invasión estadounidense.

¿Qué balance hace de las elecciones que se realizaron en Venezuela?

Las elecciones tienen una dimensión y un impacto importante porque el tamaño de la victoria es inesperado incluso para nosotros. Nosotros considerábamos que íbamos a tener la gran mayoría, unas quince gobernaciones, no dieciocho. Creo que el pueblo venezolano se ha comportado pacíficamente, cívicamente, democráticamente. Todos. Tanto los que han apoyado a los partidos del gobierno como a los partidos de la oposición. Y esta es la verdad, la verdad electoral de Venezuela. Hay una revolución en proceso, una revolución que ha venido creciendo en la misma medida en que es atacada, va consolidándose y estos son los resultados. Hemos ganado dieciocho gobernaciones mientras que la oposición ganó cinco, algunas muy estratégicas, que es doloroso haberlas perdido. Pero es la voluntad popular y debe respetarse. Ha sido una gran victoria, una gran victoria de nuestro gobierno. Nuestra revolución ha sido atacada, le ha impuesto sanciones el gobierno de Estados Unidos y el presidente Donald Trump específicamente la ha realizado una amenaza militar. La Unión Europea está analizando sanciones. Toda la guerra mediática contra Venezuela, la matriz de la “dictadura”, la matriz de que ya el gobierno y el chavismo no tienen soporte popular. Y allí está la respuesta. Creo que una respuesta más contundente que esa es imposible.

¿Cómo analiza la postura de la oposición, que en un primer momento desconoció a la Asamblea Nacional Constituyente y después, en su inmensa mayoría, decidió participar del proceso electoral?

Ellos son muy complejos de entender. Un fenómeno parecido ocurrió en el año 2004 con el referendo que ratificó al comandante Hugo Chávez. Hubo una diferencia de veinte puntos, 60-40 a favor del comandante Chávez y ellos allí denunciaron fraude. A los pocos meses hubo elecciones regionales y perdieron la inmensa mayoría porque confunden a su electorado, a sus seguidores. Un día los llaman al golpe de Estado, los llaman a la calle, los llaman a desconocer, los llaman a quemar a la gente viva y otro día los llaman a ir a elecciones con la institucionalidad venezolana. Nosotros sabemos más o menos decodificarlos, pero para el mundo debe ser muy complejo entender a esta oposición que no es nacionalista, que anda por el mundo pidiendo sanciones contra Venezuela, contra su familia, contra su gente. Una oposición que es, al mismo tiempo, heterogénea, que tiene un sector más o menos democrático y un sector absolutamente extremista, que quiere ir a los atajos permanentemente. No nos extraña la reacción que ha habido de la oposición. Hubiésemos querido un reconocimiento tanto de la Asamblea Nacional Constituyente como de los resultados de las elecciones de ayer. Son como los escorpiones, es su naturaleza; como el famoso cuento del escorpión que se está ahogando y una ranita no quería ayudarlo porque decía “tú me vas a punzar y me vas a matar” y el escorpión se comprometió a no hacerlo pero efectivamente al final la rana lo llevó a la orilla y el escorpión antes de bajarse, la punzó, la envenenó y la mató, porque es la naturaleza. Esa es la naturaleza del imperialismo y nosotros tenemos que lidiar con esa realidad en Venezuela.

Usted mencionó las relaciones de la oposición con fuerzas externas. En más de una oportunidad se ha visto a sus dirigentes en los Estados Unidos, en la Unión Europea, recorriendo América Latina. ¿Cuál es el objetivo internacional de los sectores opositores?

Acorralar al gobierno, a la revolución. Denunciar e imponer matrices de falta de libertades en Venezuela, de falta de separación de poderes, de derechos humanos que son violentados supuestamente por nuestro gobierno y generar una presión internacional tal que pudiese conllevar a una intervención extranjera. Por eso cuando el presidente Donald Trump amenazó a Venezuela con una operación militar los países de América Latina, incluso los que no son tan amigos de Venezuela, reaccionaron en contra. Pero la oposición venezolana no necesariamente lo hizo porque muchos de ellos apuestan incluso a una invasión militar. No les importa la sangre que se derrame, así sea de su propia gente. Lo que quieren es un cambio de régimen para apropiarse de los que ellos perdieron hace dieciocho años: la renta petrolera, la riqueza del petróleo que antes se podían llevar. Antes esa renta de los corruptos de este país estaba en los bancos de Suiza, en los bancos de Estados Unidos, en Miami. El comandante Hugo Chávez sembró en el pueblo esa renta: en la educación, en la salud, en la cultura, en la infraestructura, en la alimentación, en la vivienda. Para ellos es punto de honor regresar al poder, hacerse de la renta petrolera y de los recursos naturales venezolanos para cumplir intereses “non sanctos” para el pueblo venezolano.

Para alguien que no está en Venezuela es difícil medir exactamente cómo es la relación con Estados Unidos y cómo sus sanciones los afectan. ¿Cuáles son exactamente las sanciones?

Son sanciones en el ámbito financiero. Tienen que ver con los bonos de la deuda venezolana, tienen que ver con nuestra industria petrolera, con la probabilidad de hacer pagos y tener un financiamiento en un tiempo determinado. Esto lo impide y eso le hace mucho daño a la economía venezolana. Supuestamente ellos exceptuaron los alimentos y las medicinas; pero los proveedores internacionales que venden juguetes o que venden salchichón también venden medicinas. Entonces hoy en día nosotros tenemos muchos problemas para poder pagar, para poder cumplir con nuestros compromisos. Las sanciones incluso son peores que la propia sanción en concreto por el impacto psicológico que generan en el sistema financiero, en el sistema económico internacional. Hay bancos en el mundo que están cerrando cuentas de empresarios privados venezolanos, cerrando cuentas de instituciones venezolanas. Hasta nosotros en la Cancillería nos cuesta en algunos países, poder pagar las nóminas mensuales porque la banca internacional reaccionó para evitar ser ellos sancionados. Evitan tener relación con Venezuela. Esto le hace un gran daño a la economía venezolana. Nosotros estamos construyendo rutas a través de China, de Rusia, de Turquía, para poder satisfacer las necesidades del pueblo venezolano más allá de estas sanciones que lo que buscan es que el gobierno de Venezuela y el presidente se hinquen, se arrodillen ante el presidente de Estados Unidos le entreguen el poder. Eso, en un país donde nació Bolívar y donde nació Hugo Chávez, es imposible.

Muchas veces se plantea la relación comercial entre Venezuela y Estados Unidos con el tema del petróleo. ¿Cómo es exactamente el vínculo? ¿Cuánto petróleo le vende Venezuela a Estados Unidos y cómo está esa relación?

En algún momento fue más de 1 millón 500 mil barriles diarios. Hoy en día son 800 mil barriles diarios; pero es una interdependencia porque hay grandes refinerías en Estados Unidos cuya tecnología está hecha para el tipo de petróleo que sólo hay en Venezuela. Si ellos quieren cambiar de surtidor de petróleo tendrán que cambiar toda la tecnología con una inversión multimillonaria que seguramente no tienen a disposición. De manera que es una agresión que el presidente Donald Trump ha hecho incluso contra el propio sector petrolero estadounidense. Pero nosotros ya estamos buscando cómo enviar buena parte de ese petróleo que aún enviamos a Estados Unidos a otros socios en el mundo. En Asia, en India, en China, Rusia, Europa. En algún momento, si Estados Unidos no quiere petróleo venezolano nosotros nos sabremos disponer en otros mercados y satisfacer nuestras necesidades.

Usted menciona a Europa, Rusia y China pero no mencionó a América Latina…

A través de Petrocaribe le damos petróleo a todo el Caribe, a Cuba, a las islas del Caribe en general, a países Centroamericanos. De manera que ya parte de nuestro mercado va sobre todo hacia el Caribe y Centroamérica. En general el mapa de América Latina tiene sus propios suplidores de petróleo, en Brasil, en algunos países productores. En algún momento, ante crisis muy fuertes, nosotros pudimos enviar combustible, petróleo, al Uruguay, a la Argentina. Siempre que América Latina necesite del petróleo venezolano al precio justo, al precio que de verdad puedan ellos procesar en su economía, nuestro petróleo estará a su disposición.

¿Cómo analiza los cambios en América Latina en estos últimos años? El cambio de gobierno en la Argentina y el derrocamiento de Dilma Rousseff en Brasil han cambiado el contexto latinoamericano, lo que el expresidente de Ecuador Rafael Correa ha denominado “restauración conservadora”…

Si, fue el propio expresidente Correa que habló del cambio de época. Una época de cambios. Un ciclo que se abrió a principios del siglo XXI con la revolución bolivariana y que fue sumando actores, pero no es un ciclo exento de contradicciones. Es un ciclo dialéctico, es un ciclo donde hay avances y también hay retrocesos, pero es el mismo ciclo. Es un ciclo donde los pueblos se van a hacer de los gobiernos y los pueblos van a ser gobierno como ya ha ocurrido en varios de nuestros países. Es cuestión de tiempo para que en esos gobiernos, donde el imperialismo ha actuado con fuerza y las burguesías nacionales también, como el Brasil, como la propia Argentina, como el Paraguay, como Perú, los pueblos se reorganicen, se vinculen de nuevo y se articulen para tener victorias populares. Eso está escrito en el destino de América Latina. Es cuestión de años. Quizá en el año 2030, nosotros podamos honrar al libertador Simón Bolívar, en el año de su muerte, en el año de la traición que estropeó el proyecto del libertador hacia el futuro, hasta que llegó la revolución bolivariana a Venezuela. Quizá podamos honrar al libertador y ver hacia atrás y decir: “Aquí está una América Latina liberada por sus propios pueblos’”.

Usted mencionó cuatro países que se han unido para debatir específicamente sobre Venezuela en lo que llaman “Grupo de Lima”. ¿Cómo analiza la conformación de este grupo?

Allí lo importante es que son élites gobernantes, no son los pueblos. Son gobiernos que responden a determinadas élites, con intereses vinculados con la que siempre fue élite gobernante en Venezuela, que hoy está en la oposición y por supuesto con la élite gobernante de Estados Unidos. Se subordinan a las directrices de Estados Unidos, se articulan con la élite económica en Venezuela y tratan de sacar, de acorralar al gobierno revolucionario. No es de ahora, es desde hace muchos años. Para poder tener de nuevo acceso a los recursos naturales de Venezuela a través de un gobierno de la élite eventual que no va a llegar. Es muy lamentable porque a fin de cuentas son gobiernos elegidos por democracias liberales que nosotros tenemos que respetar y lo único que nosotros queremos en las relaciones internacionales son relaciones de respeto mutuo entre todos los países. Nosotros no queremos problemas ni con los Estados Unidos, ni con países de la región, ni con Europa. Queremos buenas relaciones con todos, pero claro, exigimos respeto.

¿Qué está pasando con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en la actualidad? ¿Cómo está viendo el hecho de que Unasur tuviera un impulso muy grande hace diez años, cuando se creó, con un primer secretario general como Nestor Kirchner y hoy está prácticamente ignorada en el ámbito latinoamericano?

Eso pasa por quienes están presidiendo, por quienes están al frente, que en este caso es Argentina. Pareciera que la están dejando morir, pero la Unasur no va a morir, ni la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) tampoco. En determinado momento se tomarán las decisiones, se nombrará a su secretario general. Hay que alcanzar el consenso. Nosotros estamos abiertos a discutir ampliamente con todos los países, por más diferencias que haya, un candidato que bien pueda representar el interés de América del Sur compartido entre todos los países que la componen. Se han asomado algunos nombres, pero que parecieran a veces intencionadamente para que no haya consenso. Por eso es que tenemos que buscar nombres de consenso, porque Unasur es un proyecto histórico fundamental. No solo fue producto del proceso de liberación en Venezuela, esto lo propuso Fernando Henrique Cardoso a finales del siglo pasado. Se llamaba Comunidad Suramericana de Naciones y nosotros, los países de América del Sur y los países de la Celac, de América Latina, tenemos la responsabilidad histórica de cumplir con nuestro desiderátum histórico que es el de la unión, el de la unidad, el de la integración. No hay una región que pueda integrarse mejor que la nuestra. Compartimos fundamentalmente el idioma, porque incluso el portugués es de fácil comprensión; compartimos en buena parte elementos culturales, compartimos incluso fe, religiones, de manera que tenemos todas las condiciones para ser la región del mundo mejor integrada y tenemos una economía muy diversa, grandes recursos naturales que se complementan los unos con los otros, como para ser uno de los polos de ese mundo multipolar y multicéntrico que debemos procurar.

Hace unos años el expresidente de Ecuador Rafael Correa decía que tenía la esperanza que la Celac alguna vez reemplazara a la OEA en la región porque en la Celac no están Estados Unidos ni Canadá, pero sí está Cuba. Sin embargo hoy vemos un mayor protagonismo de la OEA, en particular respecto de la situación en Venezuela. ¿A qué se debe?

Lamentablemente pareciera que en la Celac sí está presente Estados Unidos, no directamente como gobierno sino a través de otros gobiernos que quieren quebrar ese proyecto histórico, que ya lo hicieron en 1826 cuando el libertador convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá. Tanto el imperio inglés como la ya naciente potencia imperio de Estados Unidos, sabotearon ese proceso de integración de libre confederación de naciones de aquel momento histórico. Pareciera que están presentes en la Celac a través de las élites gobernantes en determinados gobiernos de América Latina y el Caribe. Ojalá que esos gobiernos puedan zafarse de esa dependencia y cuidar ese proyecto tan hermoso. La OEA es una institución moribunda y creo que su secretario general actual, Luis Almagro, ha hecho un papel, no sé ni cómo calificarlo, porque ridículo y triste creo que son calificativos que quedan cortos. Le está dando la estocada final. La está haciendo pasar a la historia y quedar en la historia como en un momento dado fue el ministerio de las colonias de Estados Unidos. En este momento es la herramienta que pretende usar la administración de Estados Unidos para un neocolonialismo fuera de lugar.

Pero presiona a Venezuela…

Presiona a Venezuela pero ya esa presión entre los estados miembros fracasó. Nunca tuvieron mayoría para tomar una decisión contra Venezuela y al final ha quedado este señor Almagro aislado, en ridículo. Yo creo que esa organización finalmente pasará a ser un mal recuerdo en la historia de nuestra América en general.

¿Por qué la Celac no levanta vuelo?

Porque hay resistencias internas. Allí actúan intereses imperialistas. El día que América Latina y el Caribe de verdad se unifiquen, se complementen y actúen coordinadamente en el sistema internacional, ese día habrá muerto el imperialismo en América Latina.

Usted es especialista en relaciones internacionales. ¿Cómo, más allá de su rol de canciller, analiza este mundo en el que estamos viviendo con un presidente de Estados Unidos con características tan particulares que ha modificado a nivel interno y externo políticas que se llevaron adelante, como la salida de la Unesco? ¿Cómo ve el rol de China, de Rusia, de África, de América Latina en este contexto?

Cuando cayó el muro de Berlín, aquello que llamaron la cortina de hierro, el mundo socialista soviético -con todos los errores que se cometieron pero que dejó muchas virtudes para la historia- Estados Unidos pretendió apropiarse y generar el “unipolarismo”, el pensamiento único, el policía del mundo, el controlador del mundo. Pero a lo largo de los años comenzaron a surgir polos, centros de poder que están equilibrando el mundo. Lo que el libertador Simón Bolívar llamaba el “equilibrio del universo”. Ahí están China, Rusia y otros países en Asia. Ahí está Europa también que –lamentablemente- a veces se subordina a los intereses de Estados Unidos pero en otras oportunidades da señales de independencia. Y América Latina también se va a constituir en un polo, pero ese imperio grande, inmenso, el más grande y poderoso que haya surgido a lo largo de la historia de la humanidad, con un poder militar tremendo, con una economía tremenda, al verse en un proceso de decadencia mientras se elevan otros polos reacciona y reacciona de manera muy peligrosa. El presidente de los Estados Unidos es un hombre peligroso, por sus características, su personalidad, su manera de pensar, su manera de aproximarse y de buscar soluciones a los problemas. Un imperio en decadencia con un presidente como él que es producto de la misma decadencia es un riesgo para la humanidad toda. No para Venezuela o para América Latina, sino para la humanidad toda.

Usted dice que el presidente de los Estados Unidos es un hombre peligroso y en más de una oportunidad habla de la posibilidad de una invasión. ¿Es real la posibilidad de una invasión a Venezuela o es una fantasía, solamente una retórica que ustedes tienen?

Por ahí un canciller me dijo “son bravuconadas”, pero las bravuconadas de un hombre con esa personalidad, de un imperio en decadencia que tiene una crisis en la península de Corea y que no tiene solución militar, aunque él amenace con la destrucción total de ese país… No sería la destrucción de Corea, sería la destrucción de Corea del Norte, Corea del Sur, de Japón. Habría sesenta millones de muertos en los primeros diez minutos si hubiese un ataque nuclear en esa región. Un hombre que se retiró del Tratado de París, que era la única “semi-esperanza” que había para poder contener el cambio climático que tanto daño está haciendo en nuestro mundo; un hombre que se retira de la Unesco es un hombre peligroso. Además, Estados Unidos históricamente ha sido peligroso, sólo que ahora es un poco más peligroso. Uno recuerda mucho en 1983 la invasión a Granada, una isla pequeñita. ¿Qué sentido tenía? Estaban distrayendo la atención de una crisis que tenían en el Líbano, donde hubo ataques y muertos estadounidenses. Por eso decidieron distraer la atención mundial e invadir un pequeño país. El presidente Trump lo dijo, cuando él declaró lo que declaró no se lo preguntaron. Le preguntaron si habían discutido sobre el tema Venezuela y él dijo que sí, que habían evaluado todas las opciones, y luego le cambiaron la pregunta y él dijo “no descartamos una operación militar en Venezuela. Si tenemos ejército en todo el mundo, en lugares lejanos donde es más costoso, ¿cómo vamos a descartar (una operación) en un lugar tan cercano como éste?”. Y dio todas las motivaciones esas absurdas que da para justificar una intervención. Nosotros sí creemos que es posible, se lo hemos dicho a los gobiernos de toda nuestra América, les hemos alertado, se lo hemos dicho a la Unión Europea, lo hemos dicho a nuestros aliados en Rusia, en China, en Turquía, en el África y estamos preparados para responder. “¿Cómo va a responder un país tan pequeño como Venezuela?”. Vamos a responder, nosotros sabemos cómo. Desde el punto de vista militar incluso, y si es por petróleo, nosotros sabemos qué hacer y cómo hacerlo para que el día que se genere un ataque a nuestro país no se puedan llevar ni una gota de petróleo en cien años de este territorio y si fue complicado Vietnam para ellos y finalmente perdieron, no se imaginan… Aquí habría, como dijo el Che Guevara y como dijo el comandante Chávez “veinte Vietnam, cuarenta Vietnam”. Para los Estados Unidos sería un riesgo terrible, para ellos y para nosotros.

 

           

Fuente: Nodal

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"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46