Sí. Me preocupa que se vayan a destinar tantas energías, no sólo por parte de fuerzas como la nuestra, claramente posicionada a favor del sí, sino por parte de la ciudadanía y por parte de las instituciones al frente antirrepresivo. Nos encantaría tener debates con argumentos por el Sí y por el No, debates amplios sobre temas sectoriales, que además son necesarios. Hablar, en definitiva, de política. De propuestas y de ideología.

Este domingo es 1 de octubre. Pongamos un caso práctico: la Guardia Civil entra en un colegio electoral e intenta detener a los miembros de la mesa. ¿Cómo imagina ese momento?

El hecho de que haya actos políticos amenazados por la extrema derecha, que nos prohíban concentraciones o que hayamos tenido la sede sitiada por la Policía Nacional ya es en sí misma una situación excepcional en el ejercicio de los derechos fundamentales. Por tanto, el día 1 no debemos descartar que pueda haber episodios que asfixien el referéndum. Llamamos a la ciudadanía a que vaya a votar, que vote lo que quiera, y que todo el mundo se lo tome como una jornada de movilización. Así se conseguirá demostrar que las personas que quieren decidir son muchas más que los guardias civiles.

¿Es posible, por remota que parezca la posibilidad, que el Estado haga una propuesta a favor del referéndum a última hora?

No hay ni una sola declaración en todos estos meses en que el Gobierno español haga una propuesta de referéndum acordado. En la hemeroteca no encuentras ni un solo planteamiento de cara a este referéndum. El 1 de octubre lo convocó la Generalitat por entender que era la forma democrática de resolver la cuestión y eso es lo que cuenta. Nos sorprendería mucho que ahora el Gobierno central diga que respetará un referéndum.

El Estado está acelerando sus intervenciones a partir de detenciones y registros. ¿Es un síntoma de debilidad o demuestra que el Gobierno del PP es capaz de impedir la votación?

Las dos cosas. Si el Estado tuviera una fortaleza fundacional y si la idea de España fuera tan fuerte que se pudiera defender a partir de los argumentos, no sería necesaria la fuerza. Su uso es proporcional a la debilidad argumentativa y la debilidad que tiene un Estado que no puede defender derechos y libertades de manera clara. Han impuesto el concepto de nación por la fuerza, porque sin esta fuerza podría haber un debate tranquilo donde la idea de nación española perdería.

Hablemos de la CUP. Hace unos años, cuando todavía tenía tres diputados, se percibía en su formación un cierto recelo a estar dentro de las instituciones. Ahora la CUP es socia de JxSí. ¿Se ha perdido el recelo en la CUP a asumir responsabilidad institucional?

Nacimos para irrumpir en el escenario municipal y contemplamos desde el primer momento la participación en los ayuntamientos. Nunca hemos tenido recelo de las instituciones, al contrario, hemos apostado por el municipalismo. En un determinado momento, se abre un debate en la organización que ayuda a clarificar nuestro papel. No íbamos a hacer parlamentarismo, ni íbamos a captar recursos para la organización, queríamos identificar los límites de la autonomía y poner el derecho a la autodeterminación en la agenda política. Hemos logrado el objetivo que nos marcamos, aunque el debate sobre los riesgos de las instituciones seguirá siempre.

Hay dos lecturas dentro del independentismo sobre el papel de los Comunes. Hay quien valora que no pongan "palos en las ruedas" y hay quien piensa que deberían haber dado más apoyo al referéndum.

Dentro de este espacio hay diferentes posiciones. Depende de si nos referimos a lo que representa Joan Coscubiela o nos referimos a lo que representa Ángeles Martínez Castells. Ellos mismos lo reconocen: tienen posiciones diferentes. Siempre hemos dicho que aquellos que se llaman de izquierdas y soberanistas tienen que ayudarnos, pero que en el marco actual es imposible recuperar todas las soberanías. Por tanto, ahora es un momento espléndido para que apoyen a ese grueso de la ciudadanía que quiere superar el marco autonómico. Liga con el discurso que tienen y en política es recomendable que discurso y praxis vayan de la mano.

Hay sectores del 'No' que no quieren la independencia de ninguna manera y que pueden pensar que lo más efectivo es no ir a votar. Esto puede debilitar la participación.

Entre los contrarios a la independencia hay diferentes posiciones. Están los fascistas que están dispuestos a utilizar la violencia. Luego están los que quieren hacer boicot, como Ciudadanos o el PSC. Y luego están los que quieren ir a votar y quieren ir a votar que no. PP, Ciudadanos y PSC trabajan para otros objetivos. Nosotros nos debemos dirigir a los que el Estado les ha impedido el ejercicio del voto. Ojalá hubiera posiciones políticas sobre este debate que no estuvieran limitadas por el boicot pero los partidos estatalistas piensan que ir a votar es hacer el juego a los independentistas y esto es un error.

Pero hay sectores de la población que quizás no están muy politizados y que piensan en el corto plazo: mis opciones para que Catalunya no sea independiente pasan por no ir a votar.

Estas personas se han convertido en rehenes del prohibicionismo del Estado y del boicot. Son rehenes y están tomados por la parálisis que ha implantado el Estado con la connivencia de determinados partidos políticos. Cuando decimos que queremos votar no pensamos sólo en los independentistas, también pensamos en las personas que no lo son. Desgraciadamente se ha dibujado un escenario donde muchas personas se quedarán en casa.

¿Si la actuación policial impide la normal actividad en colegios electorales, en que quedará la jornada del día 1?

Esto sólo lo podremos valorar el día 1. Dependerá de donde quiera llegar el Estado con las fuerzas represivas de los cuerpos de seguridad. No es lo mismo que intenten asaltar el 50% de los colegios que asalten el 1%. Estamos ante un escenario sin precedentes, cada día intentamos analizar qué pasa y cómo responder. El domingo queremos una gran movilización, aunque sabemos que actores fascistas y cuerpos policiales intentarán provocarnos. Pero hasta que no llegue la fecha no sabremos qué nos encontraremos delante.

Si gana el Sí, ¿se proclamaría automáticamente la independencia?

Eso es lo que prevén las leyes aprobadas en el Parlamento de Catalunya.

¿Y si el Estado consigue impedir el referéndum?

Hemos incluido el referéndum en esta legislatura y pensamos que este pueblo merece expresarse. Si no dejan votar, de poco sirve que puedan expresar los diputados o diputadas. La democracia popular no es sustituible, si el Estado no permite que la gente se exprese nos encontraremos ante un escenario en el que tendremos que luchar contra un golpe de Estado en toda regla y quizás tendremos que adoptar técnicas y dinámicas propias de la clandestinidad; ese es un escenario en el que no se le está dando la relevancia que se merece. Con mucha facilidad se dice "Si no se pudiera votar, qué? Hacemos unas autonómicas?". Si no podemos votar será porque se han suspendido los derechos políticos de todos. Estaremos hablando de un golpe de Estado, porque no afecta sólo cargos del Govern o a medios de comunicación. El escenario ahora ya es de excepcionalidad; en este caso estaríamos hablando de una situación aún más extraordinaria.

¿Estaría usted sugiriendo la conveniencia de una posible revuelta?

No. Sólo digo que las instituciones tienen sentido porque que tú llevas allí la voz de unos determinados espacios políticos. Si el Estado calla la voz a todo un país, y no permite a la ciudadanía expresarse, hay que hablar de golpe de Estado porque se habrá intervenido la ciudadanía. Esto merece un debate muy a fondo sobre qué debemos hacer y cómo debemos reaccionar.

¿Qué acciones concretas plantea la CUP? ¿Una huelga general es una buena estrategia en caso de que se impida el referéndum?

La huelga general ya se está planteando como una respuesta masiva. Está muy bien que tengamos una respuesta prevista. Si además el 1 de octubre hay una actuación represiva, la huelga servirá por lo que ha servido siempre: para denunciar la actual situación de precariedad, privatizaciones y externalizaciones, por lo tanto tiene sentido en sí misma.

¿Cómo valora la posibilidad de una tercera vía? ¿Es factible?

Pienso que en Catalunya no existe un apoyo masivo a la tercera vía. Lo que hay es una reivindicación masiva al derecho a decidir. El Estado y otros actores políticos están deseosos de que se vuelva al escenario de pacto, pero creo que esto no tiene un apoyo popular significativo.

¿Estamos en un punto de no retorno?

Las mayorías de Catalunya parten de dos puntos: el primero es que tienen derecho a decidir su futuro. Y el segundo, que la actitud del Estado es inasumible. Nosotros siempre hemos constatado que el régimen del 78 se basaba en una negación de los derechos y libertades colectivas y ahora se está comprobando que es así. Quizá no se había manifestado antes con tanta crudeza porque no había habido una reivindicación tan fuerte como la actual.

 

 

Fuente: Público