Luego de analizar avances y retrocesos que ha caracterizado la presente ofensiva unionista e independentista en Nuestra América, creemos que estamos en condiciones de presentar algunas reflexiones como aporte a la discusión dentro del movimiento revolucionario latinoamericano caribeño.

Sin pecar de caer en generalidades, y como primera observación frente a las casi dos décadas transcurridas desde la llegada de Chávez al poder, señalaremos tres aspectos que consideramos de suma importancia a la hora de analizar el proceso desde la óptica del socialismo patriótico y revolucionario.

El primero es de carácter político ideológico, vale decir el cuerpo doctrinario que alimenta cada uno de los movimientos populares dentro de la ofensiva unionista e independentista que han llegado al gobierno (no decimos poder que es otra cosa). El segundo es el rol  que vienen jugando los partidos u organizaciones políticas que han sostenido a los mandatarios revolucionarios o progresistas de la región. Y tercero, la relación de los gobiernos progresistas y sus organizaciones políticas correspondientes con las Fuerzas Armadas.

Sobre el primer tema nos atrevemos a afirmar que los gobiernos cuya ideología más se ha acercado al socialismo o que al menos contempla el socialismo como horizonte a alcanzar, son aquellos que más se han consolidado,  pese a la tremenda ofensiva imperialista y de sus aliados internos. Cuba en primer término, Venezuela lo sigue, Bolivia y Nicaragua completan este cuadro. No casualmente son países integrantes del Alba. Todos exhibiendo el socialismo no como mera abstracción sino como un socialismo propio, nuestramericano todos, martiano, bolivariano, sandinista, comunitario.

Quienes han exhibido un sistema de ideas más difuso, como el caso de Lula-Dilma y Néstor-Cristina en Brasil y Argentina respectivamente, con proyectos más vinculados al de un capitalismo autónomo, han sido derrotados –al menos transitoriamente–, pero en los hechos concretos desplazados del poder gubernamental. Asimismo esto se verificó con anterioridad con los gobiernos ideológicamente más bien ubicados en la socialdemocracia o el “progresismo”, como los de Zelaya y Lugo en Honduras y Paraguay. El caso Ecuador, donde existe un desplazamiento del gobierno hacia la derecha confirma lo afirmado, porque dentro del bloque Alba es el país qué menos ha ubicado al socialismo como horizonte a alcanzar.

El cuerpo doctrinario que alimenta cada uno de los gobiernos y gobernantes no es un tema menor, y mucho menos meramente decorativo, sino que es un elemento fundamental para definir los objetivos concretos de cada proceso de cambio, como asimismo es la brújula que orienta sus movimientos, estrategias y tácticas.

Pero lo real es eso, los gobiernos socialistas o en perspectiva hacia el socialismo parecen tener mayor musculatura que aquellos que no asumen el desafío de traspasar la frontera del nacionalismo burgués, el capitalismo autónomo o la socialdemocracia reformista.

El segundo aspecto y como consecuencia del cuerpo doctrinario asumido por cada movimiento u organización, es el rol o la importancia que se le ha dado a esa herramienta fundamental de lucha. El caso de Cuba es el más emblemático, ya que cuenta con un partido estructurado, fogueado en el combate y con una disciplina comprobada, sumado a esto una doctrina clara en base a los postulados del marxismo-leninismo y el patriotismo nuestramericano de Martí. Venezuela presenta un partido con características diferentes –no podía ser de otra forma–, construido de “arriba hacia abajo”, con escasa experiencia en la confrontación sin ser gobierno, con una doctrina sólida –el socialismo bolivariano–, pero llevado por diferentes factores –que aquí no analizaremos–, a conformarse más bien en una poderosísima maquinaria electoral, con poca vida democrática interna y muy absorbido y dependiente del gobierno y del Estado. No obstante eso –que son problemas no menores–, el PSUV ha logrado mantener unido al chavismo en las difíciles circunstancias que le ha tocado y le toca vivir. El caso del MAS boliviano se asemeja en varios tópicos al PSUV venezolano, estructurándose como partido político (instrumento) de los diferentes movimientos sociales bolivianos. El Socialismo comunitario es la base de su doctrina, donde confluyen corrientes del pensamiento indígena, el nacionalismo popular y el socialismo en su más vasta expresión. El FSLN de Nicaragua es otro de las organizaciones fogueadas en la lucha y con una sólida estructura de funcionamiento. Sus principios se alimentan del patriotismo indoamericano de César Augusto Sandino, del cristianismo y del marxismo. Todas estas organizaciones han sido y son herramientas primordiales en la defensa de los procesos progresistas de avanzada, con extraordinario poder de movilización, con profunda conciencia antiimperialista pero con tendencias también hacia el burocratismo y a la dependencia del Estado.

El caso de Alianza País en Ecuador es  probablemente el caso más significativo de una organización incoherente con el proceso que desencadenó la Revolución Ciudadana. Si bien Correa trató de ubicar la organización dentro del nacionalismo popular y bolivariano de Eloy Alfaro, en la práctica se conformó como una organización más bien de tipo socialdemócrata, con corrientes pendulares entre la izquierda patriótica y el neoliberalismo más recalcitrante. De allí las desviaciones y “traiciones” que afloran en este momento con final incierto.

En aquellos movimientos/partido, como el PT de Brasil y el kirchnerismo en Argentina, se puede observar que sus objetivos no trascendían el marco del nacionalismo burgués. Si bien el origen del PT lo ubica con definidas posiciones de izquierda, ya en el proceso electoral y más aún en el poder, articuló un sistema de alianzas con sectores claudicantes cuando no reaccionarios. Esto llevó a una desfiguración de la organización, transformándose en una fuerza que osciló entre el nacionalismo popular y la socialdemocracia. El kirchnerismo por su lado, si bien enarboló en momentos determinados las históricas banderas del peronismo fundacional (nacionalismo económico, soberanía política y justicia social), en el transcurso de sus 10 años de gobierno desdibujaron estos postulados, transitando una línea política negada a confrontar categóricamente con los agentes de la dependencia. Como sabemos, ambos gobiernos se han perdido, al menos por el momento. Los frentes, partidos y movimientos que sostuvieron a Lugo en Paraguay y a Zelaya en Honduras, carecían de un sistema sólido de ideas que orientara sus gobiernos; ambos, respaldados principalmente por los partidos liberales de la vieja partidocracia de sus respectivos países, no supieron o no quisieron trascender el sistema de alianzas que los había llevado electoralmente al poder, presentando entonces una importante cuota de vulnerabilidad que fue aprovechada por la derecha para destituirlos.

En síntesis, donde existen organizaciones revolucionarias más sólidas, más cercanas al pueblo, con mayor diálogo con las bases y los movimientos sociales, con un claro sistema de ideas y estrategias, con mayor promoción de cuadros revolucionarios y que a su vez exhiben menos síntomas de burocratización, más poder concentran a la hora de confrontar con el imperialismo y sus aliados. Tanto el PCC, el PSUV, el MAS y el FSLN han mostrado en infinidad de veces estar a la altura de las circunstancia, más allá de ciertas críticas pertinentes que deba hacerse al respecto. No es así el caso del PT brasileño ni el kirchnerismo argentino, que tendrán que revisar profundamente sus organizaciones si pretenden nuevamente conquistar los gobiernos.

El tercer aspecto que queremos señalar es la relación entre los gobiernos progresistas y sus organizaciones con las Fuerzas Armadas de cada país. Este es un tema que merece un desarrollo más acabado, pero también podemos afirmar que cuando un gobierno y su organización revolucionaria expresa una política clara y coherente hacia las Fuerzas Armadas y la aplica, se encuentra en mejores condiciones para afrontar las embestidas contrarrevolucionarias.

Precisamente Cuba, Venezuela y Nicaragua son quienes exhiben una mejor política en la materia, alcanzando una unidad cívico-militar sólida. En el caso de Bolivia también se han hecho y se hacen esfuerzos destacables, al menos para garantizar que sus militares acompañen el proceso de transformación. La carencia de una política hacia las Fuerzas Armadas por parte del PT brasileño y del kisrchnerismo argentino, que cuando no minimizaron el tema hicieron la “vista gorda”, debilitó los procesos al negarse a contar con un aliado fundamental para sostener la democracia y la soberanía nacional. Un error que no puede cometer ninguna fuerza progresista en la región, es carecer de una política definida hacia las Fuerzas Armadas. La unión cívico-militar, el involucramiento de los militares junto al pueblo en el proyecto patriótico antiimperialista con perspectiva socialista, requiere de una estrategia bien delineada hacia ese sector de la sociedad. O las Fuerzas Armadas son ganadas para el proceso revolucionario o serán ganadas, por acción u omisión, por las fuerzas del imperialismo y la contrarrevolución.

En esta brevísima aproximación a los tres temas propuestos para el debate, podemos observar que: 1. Los gobiernos progresistas de la región que mantienen y se orientan hacia una perspectiva socialista son aquellos que con mayor fuerza han resistido y resisten la feroz embestida imperialista y contrarrevolucionaria, conservando –en mayor o menor medida– las conquistas sociales, como también manteniéndose incólume en sus políticas de defensa de la soberanía nacional y la unidad latinoamericana caribeña. 2. A su vez, mientras más sólidas son las organizaciones políticas que sostienen a esos gobiernos y mientras más claras son sus  ideas en torno a su cuerpo doctrinario, más fortaleza adquieren a la hora de movilizar, organizar y luchar en unidad en defensa y avance de la revolución. 3. La unidad cívico-militar es un elemento estratégico para cualquier proceso revolucionario y esto está ligado a la política que desde el gobierno y la organización revolucionaria que lo sostiene se dé hacia las Fuerzas Armadas. Aquí también se verifica que aquellos que con mayor seriedad han trabajado contemplando este tema, mejor posicionados están para resolver la permanente contradicción entre revolución y contrarrevolución.

Un cuarto elemento insoslayable a considerar en una próxima entrega, es la relación de gobierno, organización revolucionaria y unidad cívico-militar con el movimiento obrero y los trabajadores en su conjunto.

 

       

Fuente: Portal Alba

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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