El capitalismo está obligado a revisar de manera permanente sus dinámicas para mantener su hegemonía y para ello no tienen prejuicios ni reparos en romper sus premisas y explorar nuevos caminos. Cada vez que desde el campo popular y revolucionario se le asesta un golpe a la lógica del capital, éste muta y explora nuevas formas, rutas y dinámicas.

Aunque usted no lo crea, en pleno siglo XXI, más de 25 años después de la desaparición de la Unión Soviética y cuando en todas partes se ha anunciado que la entronización de Trump en Estados Unidos y de Bolsonaro en Brasil, significaban algo parecido al “fin de la historia” al concretarse la hipótesis formulada por Francis Fukuyama en la penúltima década del siglo pasado, el debate entre socialismo y capitalismo se ha vuelto a poner de relieve y lo ha hecho en escenarios inusitados: con epicentros en el Gran Palacio del Pueblo, en Beijing, capital de China, el 18 de octubre de 2017 y respuesta en la Casa Blanca de Washington a comienzos de este mes de noviembre de 2018.

Percibo, más que otra cosa, en ciertos contemporáneos políticos de mi edad con los cuales comparto tiernas amadas posturas ideológicas (sí, ternura, aunque suene chocante en este caso), al no reconocer obvias realidades, una preocupación por no "claudicar" en los conceptos y códigos con los cuales nos formamos en la militancia revolucionaria.

 

Con los progresos de la investigación histórica conocemos que, entre las culturas aborígenes y los imperios anteriores a la colonización europea de América Latina, hubo conflictos y enfrentamientos que explican sus dinámicas sociales. En la época colonial, asimismo, se registraron constantes choques entre las distintas castas o clases que formaron parte de una jerarquizada estructura, expresamente diferenciada por las leyes y las instituciones impuestas por las potencias colonialistas.

Hoy cuando vivimos épocas de completa dictadura imperialista, cuando el fascismo se pavonea en el mundo al amparo de sus miles de artefactos atómicos y sus bandas paramilitares (come carnes humanas) y en el que los genocidios incluso se anuncian de forma descarada desde las más altas tribunas internacionales como lo hizo el presidente estadounidense, Donald Trump, desde la ONU el 19 de septiembre de 2017 con la destrucción total de la RPDC, bravatas ni más ni menos igual a las que proferían Hitler y Mussolini en los años 40 del siglo pasado, ha llegado el momento preciso y exacto de decirle al mundo que la filosofía comunista es universal.

Frases

“No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, buscar atrás, buscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto”.

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº85

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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