Es algo más terrorífico y profundo que el simple ataque contra un gobierno, es el intento de destrucción de todo lo que un país significa. Venezuela es y ha sido, incluso desde antes de su conformación como República, un proyecto emancipador y de unificación de países latinoamericanos. Estados Unidos y sus colaboradores han decidido ensañarse contra Venezuela, y lo están haciendo contra la integralidad de su significado: contra el bolivarianismo, contra su sustrato chavista, contra el pueblo que lo hace posible.

Prohibido olvidar: la lucha más importante de este hemisferio tiene lugar entre aquellos Estados Unidos y nuestros Estados desunidos (la expresión la formuló Rufino Blanco Fombona el siglo pasado). El anglosajón invasor, depredador y poderoso porque logró confederarse, mientras nosotros, producto caribe y amazónico y andino de un proyecto latino e hispánico, extraviados y confundidos en el laberinto de la disgregación.

Nada conviene más a ese anglosajón preocupado por el despertar de una corriente bolivariana que la promoción de las actitudes chovinistas y aislacionistas que los presidentes gratos a Estados Unidos ejecutan tan bien: en los alrededores resuena el orgullo de una pretendida superioridad y un desprecio a la Venezuela que fue capaz de congregar. La obra de Chávez fue o estuvo a punto de ser la unidad; el plan de destrucción es el "cada quien por su lado".

No han sido gratis, ni casuales ni inconexos entre sí los ataques antivenezolanos en curso. Ni los simbólicos, ni sus manifestaciones concretas. Las agresiones comienzan con una finta sicológica, pero la intención final y de fondo es doble: el exterminio físico en términos de vidas humanas y el descrédito del país y el proyecto al que atacan. Ni el presidente que Uribe y Estados Unidos le impusieron a los colombianos se equivocó al agradecerle al Imperio lo mucho que Colombia le debe su existencia, ni Lenín Moreno está cometiendo algún descuido al llamar a los ecuatorianos a linchar venezolanos, ni el insulto que el futbolista chileno invocó en el reciente partido contra la Vinotinto se hizo viral por casualidad ("muerto de hambre"), ni el grupo que llama a cercarnos y despedazarnos se creó en Lima por puro azar. Tampoco es por puro deporte que ahora signifiquemos tanto para Brasil, cuando antes de Chávez y Lula sólo nos visitaba de allá el criminal garimpeiro. Ahora el Bolsonaro amenaza con producir la que sería la primera invasión de Venezuela desde el sur.

Al jugar con la deformación más lamentable del nacionalismo, Lenín Moreno está jugando con uno de los impulsos primitivos más odiosos y dramáticos de la especie: el Estado nacional burgués nos encerró en fronteras, y dentro de esas líneas imaginarias nos convertimos en clanes, en estructuras cerradas, atrincheradas en ese búnker artificial, un poco mafiosas y con poder de fuego. Encerrados allí, el ciudadano que viene "de afuera" es sospechoso de los peores males.

A nadie o a poca gente le importa hoy en Ecuador averiguar o recordar a cuánta gente ha sido asesinada por ecuatorianos dentro y fuera de Ecuador. Lo que pesa en este momento es un video miserable y las palabras de un presidente más miserable aún, en el sentido de que Ecuador sería un país más lindo y pacífico y desarrollado y grandioso y brillante si no hubiera rastros de Venezuela en su periferia. Por si no se habían dado cuenta, uno de esos rastros se llama Rafael Correa: cada golpe contra Rafael es un golpe contra la era Chávez.

El plan no consiste ni culmina con el trámite del derrocamiento de un presidente y su sustitución por un títere. Los señores presidentes de esos países están montados en una maniobra estratégica destinada a reducir a polvo, a asesinar y a echar sal sobre la tumba de un proyecto que insiste en unificar a los latinoamericanos.

Pendientes de los siguientes capítulos de la payasada: vienen momentos de exaltación triunfal de la Cuarta República (el 23 de enero será un día más, pero habrá show), ataques despiadados contra la memoria del Comandante Chávez en febrero. Y, en todo momento, vendrán desde afuera misiles contra nuestra historia, nuestra gente y nuestras definiciones. Preparados, porque ahora más que nunca las ideas de independencia y autodeterminación sufrirán atentados (lo mismo que nuestras fronteras e instituciones).

 

         

Fuente: Misión Verdad

Frases

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad
          Simón Bolívar  

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº91

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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