La derecha brasileña ha realizado lo que venía soñando desde el 2003: sacar al Partido de los Trabajadores (PT) del gobierno. Como no lo ha logrado por medio de elecciones –y se dio cuenta que ya nunca mas lo lograría–, optó por el atajo del golpe. Estuvo condenada así a tener como presidente al vice de entonces, Michel Temer, con toda la carga de acusaciones de corrupción en su contra.