Cuando la derecha latinoamericana volvió al gobierno en algunos de nuestros países –Argentina, Brasil, Ecuador—, se podría imaginar que habría aprendido de sus derrotas y del éxito de los gobiernos que los precedieron. La prioridad de las políticas sociales en el continente más desigual del mundo le propinó sucesivas derrotas. A tal punto que sus mismos candidatos han pasado a alabar las políticas sociales, pero sin cambiar su propuesta económica, en la que éstas no caben. Pero aun así admitían que esas políticas tenían la simpatía del pueblo y debían reconocerlas.