El holgado triunfo de Jair Messias Bolsonaro en la primera vuelta presidencial en Brasil debe ser analizado meticulosamente: hablamos de un candidato ultraderechista, misógino, que públicamente se suele presentar como defensor de la última dictadura cívico-militar en ese país. La victoria de Bolsonaro se sustenta en primer lugar en la ausencia del principal candidato opositor al gobierno de Temer: Luiz Inácio Lula da Silva, detenido arbitrariamente desde abril en Curitiba. No se puede analizar la elección sin dar cuenta que Lula fue condenado sin pruebas por el ya famoso tríplex de Guarujá, posteriormente impugnado electoralmente y hasta inhabilitado para entrevistas y hacer oír su voz en la campaña electoral, todos hechos que hicieron que la Organización de Naciones Unidas se manifieste a favor de los derechos políticos y civiles del fundador del Partido de los Trabajadores.