El 17 de abril de 1961 Cuba fue invadida por una brigada de contrarrevolucionarios de origen cubano organizada, entrenada y equipada por la CIA y el Pentágono. El día antes, bombardearon los aeropuertos sin lograr el objetivo de destruir en tierra la minúscula aviación revolucionaria. Los invasores fueron derrotados y hechos prisioneros, en su mayoría, en menos de 72 horas de incesantes y cruentos combates, incluyendo heroicas acciones en el aire de los pilotos de la Fuerza Aérea Revolucionaria. Cientos de miles de cubanos y cubanas, plenos de conciencia patriótica y política, estábamos sobre las armas y, como afirmó Fidel alguna vez, podíamos haber derrotado simultáneamente varios desembarcos como aquel.  En abril de 1961 éramos ya seres humanos mucho mejores gracias a la práctica revolucionaria y a la lectura, vinculados al magisterio excepcional de los discursos de Fidel.

El mundo está tan convulsionado y la dinámica global se mueve tan vertiginosamente que resulta complicado decidir cuál debe ser el tema al que dedicar estas reflexiones semanales. Es imposible abstraerse de la agresión cotidiana de la derecha internacional y Estados Unidos contra Venezuela, pero de manera simultánea se están produciendo hechos que apuntan a hacer evidente que el mundo se mueve hacia transformaciones estructurales que -todo indica- no se harán sin antes pasar por tan profundas turbulencias y conflictos que incluso amenazan la existencia de la vida en el planeta.

La primera vez que vi un colectivo en acción y de lo que es capaz, era yo muy carajito. Tendría como nueve, diez años tal vez. Eso nos lleva a 1969, en los cerros de Los Frailes de Catia, parte alta del barrio Macayapa, al pie del Waraira Repano.

Un año de injusticia, por Lula da Silva

Al cumplir un año preso Luiz Inácio Lula da Silva dirigió una carta a los miles de manifestantes reunidos en varias capitales exigiendo su liberación. “Hace exactamente un año que estoy aislado en una prisión, jamás presentaron una prueba contra mí, soy un preso político, exiliado en mi propio país, separado de mi pueblo (...) pensaban que me iban a callar pero no me callaron ni me callarán porque somos millones de voces”.

La ley del granate dice que al indio y al coyote se les mate. Era un anuncio fijado con papeles colgados en las cercas de tierras mexicanas y que todavía parece sutilmente vigente en algunas partes la inmensa Colombia, que se niega a reconocer que sus problemas políticos y sociales tienen sus bases en la desigualdad y en sus maneras de gobernar autoritarias y excluyentes, de las que emanan como decretos, imaginarios de que unos humanos son más que otros, que la ley y la justicia es para pocos y que los derechos son el privilegio de quienes pueden comprarlos en el mercado abierto de especias.

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº96

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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