Es notoriamente claro que el gobierno del Presidente López Obrador se encuentra bajo un coordinado y feroz ataque de las fuerzas de la derecha. Son varios, todos ellos absurdos o al menos cuestionables, los frentes de ese ataque. Pero el más irracional es la crítica a la decisión del gobierno de poner orden en el muy desordenado internamiento de migrantes de diverso origen nacional y procedencia regional a territorio mexicano.

Defender esa decisión con apego a la lógica y a la ley es extremadamente sencillo. Ya lo hizo el canciller Marcelo Ebrard: la ley establece que nadie puede entrar a México sin pasaporte. Pero es cierto y claro que los migrantes que huyen de la pobreza o de la violencia pueden no contar con ese documento.

Hace falta, en consecuencia, dotarlos de un documento provisional, como una visa humanitaria. Pero ocurre que la inmensa mayoría de esas personas no desean permanecer en territorio mexicano, sino exclusivamente internarse en EU.

Dicho en otras palabras, no solicitan al gobierno mexicano asilo o permanencia o refugio en suelo mexicano, como fue el caso, por ejemplo, del exilio republicano español, chileno, uruguayo o argentino en el siglo pasado.

Pero también ocurre que el gobierno de EU se niega a recibir a la inmensa mayoría de esos demandantes de internamiento y los obliga a abandonar territorio estadunidense. Y de este modo quedan, contra su voluntad, varados en suelo mexicano.

Frente a esta situación no queda otra solución que cerrar el acceso a México a quienes no buscan ni desean asilo, refugio o permanencia en suelo azteca. De esta manera se cumple con la ley mexicana y se evita dejar a los migrantes en el infierno migratorio en el que ahora se encuentran.

La experiencia histórica enseña que este tipo de medidas no frena la migración indocumentada, pero si logra atemperarla y reducirla a magnitudes menos inmanejables. Es el caso, por ejemplo, de la migración indocumentada mexicana hacia EU.

Y esto es así, porque las informaciones oficiales de mayores dificultades para el ingreso de migrantes tiene el efecto de desalentar significativamente esa migración. De este modo, y de paso, se atempera el negocio criminal de la trata de migrantes. 

Ante esta novedosa e inesperada migración es necesario hacer lo que nunca antes se hizo realmente: cumplir las leyes migratorias, es decir, dar protección y asilo sólo a quienes lo demandan formalmente. 

 

          

Fuente: La Jornada

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