El fracaso de Washington en la cumbre de Lima, donde presionó para que los demás países se suman la ofensiva contra Venezuela, y una serie de reuniones recientes entre funcionarios estadounidenses y venezolanos, sugieren que Caracas está lista para hablar. Y Washington, que amenaza con una intervención para impedir las elecciones presidenciales del 20 de mayo, también parece estarlo, tras su fallido intento en regionalizar el diferendo.

Dependiendo de cómo amanezca el ánimo del novedoso personaje que ocupa la Casa Blanca, el planeta entero palidece diariamente, porque corre el riesgo de sufrir las nefastas consecuencias de sus recurrentes disparates, caprichos y hasta descargas de arrechera (sí, muy al estilo maníaco depresivo de Capriles).

Con arreglo al conocido principio del “Utis Possidetis Juris” (del latín: "como poseías de acuerdo al derecho, poseerás"), la constitución venezolana de 1830, promulgada una vez desintegrada “La Gran Colombia”, establecía que el territorio del Estado de Venezuela, nombre que se daba por aquellos días a la actual República Bolivariana de Venezuela, comprendía todo aquel que hasta 1810 se denominó Capitanía General de Venezuela; estando plenamente establecido que la mencionada entidad colonial limitaba por el este con la Guayana Holandesa, sirviendo de frontera natural entre ambos territorios, el río Esequibo desde su nacimiento hasta su desembocadura en el océano Atlántico. En prueba de lo anterior es posible señalar que existe un mapa publicado en Londres en 1810, en el cual se muestra el territorio de la Guayana venezolana y el de la holandesa, teniendo como línea fronteriza el río Esequibo; el interés del citado mapa se centra en que fue editado en una época en la cual Gran Bretaña no tenía oficialmente ninguna propiedad sobre estos territorios y desde luego, en el hecho nada desestimable, de que el mapa fue publicado en Londres.

En los años setenta, un Richard Nixon de escasa inteligencia y sin ideas de cómo salir de Vietnam pensó que aparentando locura podría intimidar a Ho Chí Minh: si no firmaba la paz, el jefe descontrolado de EEUU apretaría el botón nuclear. La teoría del Líder Loco plantea que los presidentes de EEUU para conseguir la hegemonía mundial deberían fingir ser irracionales, imprevisibles y usar la fuerza para amedrentar a los enemigos sin temor a las consecuencias. Con Donald Trump en la Casa Blanca, Jim Mattis —apodado Perro Loco— de Secretario de Estado, John Bolton de asesor de seguridad (discípulo del siniestro Dick Cheney), y Nikki Haley de embajadora ante la ONU, el gobierno de EEUU es un inquietante manicomio controlado por el Pentágono y la CIA. De locos fue la decisión de trasladar su embajada a Jerusalén, y de locos es la farsa indignación moral como pretexto para la agresión militar ilegal de EEUU, Francia y Reino Unido a Siria.

El último ataque contra Siria, ejecutado por las tres potencias más poderosas de occidente, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, con el apoyo explícito de naciones como Alemania, Holanda, Canadá, obviamente Israel, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y otro cumulo de países, anhelantes de salir en la foto, de un club del que no son socios, ni lo serán nunca por pobres y descastados como España, elevó el número de muertos en algunos cientos o unos pocos miles, no se sabe, ni se sabrá nunca, ¿qué importa? si ya son tantos que el número exacto de nuevos muertos ni siquiera agregara más horror a la vergüenza de una guerra que ya lleva poco más de siete años y donde se han sucedido una cadena de crímenes, que ni las más afiebradas testas de nazismo las podría haber imaginado. Una guerra donde episodios como los de Niza, Manchester, Paris, Londres o Barcelona, no tendrían siquiera entidad para ser noticia.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº61