Después de los tambores que alertan sobre una guerra total entre potencias en Siria, nada retumba más en los medios internacionales que los tambores de la guerra comercial entre Estados Unidos y la República Popular China, que todas las semanas escala más alto. El mundo multipolar al que se niega aceptar EE.UU. ha entrado en una fase muy delicada de guerras que combinan diferentes modalidades. Muy atrás quedó el equilibrio real alcanzado por la confrontación de los dos campos ideológicos en disputas. Así como atrás quedó el mundo unipolar que siguió a la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS). Ya no se trata de lucha entre modelos económicos antagónicos: capitalismo y comunismo, tal como lo conocimos en el siglo pasado, sino de algo parecido pero mucho más simple de digerir, y que se acerca mucho a lo que conocimos en el campo de las confrontaciones mundiales hasta el surgimiento de la URSS. Se trata de la lucha ínter capitalista por la hegemonía monopólica de los mercados mundiales. Se trata de un déjá-vu, la reaparición de parecidas situaciones, contradicciones y causas que provocaron la primera y segunda guerra mundial: la gran depresión económica, las guerras comerciales arancelarias y las disputas por los mercados mundiales, sobre todo de materias primas. Quién no lo crea, que revise la historia.

Más allá del primer misil de la medianoche del 5 de julio, un disparo que podría convertirse en una guerra comercial despiadada, la lucha de aranceles entre China y los Estados Unidos debe verse en el contexto de un gran escenario de combate geopolítico y económico.

La guerra comercial planteada por Estados Unidos contra China, la Unión Europea, Canadá y México –entre otros— es la expresión del agotamiento económico y político puesto en evidencia por el gobierno de Donald Trump. Después de cinco décadas de neoliberalismo, y de instigar al resto del mundo a abrirse a los mercados globales, Washington se lanza a reducir su déficit comercial y relocalizar sus empresas. Al mismo tiempo intenta darle continuidad a sus debilitadas ventajas tecnológicas, hoy desafiadas por la República Popular China.

Con su actitud característica de persona omnipotente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó y enseñó los documentos que imponen un arancel del 25 % sobre las importaciones de acero y del 10 % a las de aluminio.

A principios de 2013, cuando comenzó la ola especulativa que padecemos ahora con especial fiereza, el clamor favorito de los expertos económicos era la “necesidad” de “sincerar de precios”.

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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