Me parece necesario antes de abordar la cuestión del internacionalismo en Fidel y el Che hacer referencia a que estas ideas no son novedosas, si no mas bien son partes de las raíces, de esta porción del continente latinoamericano. Cuba es un territorio donde la geografía insular, que no tiene fronteras terrestres, fortalece la identidad nacional, pero donde también sus pequeñas dimensiones y su pertenencia a un sistema insular que conocemos como las Antillas, muy cercano a tierra firme, van a determinar que sus acontecimientos históricos y la percepción de su destino esté muy asociada a lo que ocurre en la región a la que pertenece.

Desde los primeros poblamientos humanos, los pueblos originarios de la región estaban comunicados y aún con diferentes grados de desarrollo compartían pautas culturales con otros pueblos originarios de la zona. Esto lo comprobó Cristóbal Colon cuando llegó a América unos seis mil años después que los primeros pobladores y enfrentó las rebeliones de los taínos que vivían en lo que hoy es Cuba y territorio de Haití y Republica Dominicana.

En el proceso independentista cubano se destacó la figura de José Martí, un internacionalista convencido que se nombraba como hijo de América y que llegó afirmar que su Patria era la Humanidad. Muerto en combate Martí, aportó también sustantivamente a la independencia de Cuba el general dominicano Máximo Gómez. La idea de que el internacionalismo no solo no es contradictorio con el patriotismo si no que expresa su condición más elevada, puede identificarse en una línea de tiempo donde resuenan los nombres de Simon Bolívar, José Martí y Fidel. Digo resuena porque advertir esta continuidad no exige demasiado trabajo de investigación histórica. José Martí era un estudioso de Simon Bolívar y se hizo cargo de su herencia política. Fidel conocía muy bien la obra y práctica del poeta revolucionario, al punto de que cuando en el juicio por el asalto al Moncada le preguntaron cual era el ideólogo de su organización contestó que era José Martí.

La practica del internacionalismo de la revolución cubana, que intentare referenciar en las figuras de Fidel y el Che, se a desarrollaron en un contexto particular que me parece necesario identificar.

Es evidente que la planificación y ejecución de las acciones revolucionarias que se iniciaron con el desembarco del Granma y culminaron con la huida de Batista y la toma de La Habana en enero de 1959, no fueron producto de una conspiración internacionalista, ni siquiera regional, sino que fue una epopeya protagonizada casi exclusivamente por cubanos, la excepción fue el Che.

Pero una vez que los revolucionarios conquistaron el poder político se tornó imprescindible buscar puntos de apoyo para afianzar la revolución por fuera del territorio nacional. Y en esa búsqueda de puntos de apoyo las opciones desde el principio fueron dos: apoyarse en el campo del llamado socialismo real, encabezado por la Unión Soviética, o promover acercamientos con procesos revolucionarios de Asia, Africa y América Latina y promover nuevas revoluciones, intentando crear un entramado de solidaridades alternativo.

Transcurridos más de cincuenta años puede afirmarse que la revolución cubana recorrió los dos caminos, con la observación que en distintas períodos históricos, algunas de estas opciones fue dominante

Tratando de hacer una reseña de ese recorrido quisiera apuntar un detalle que puede resultar sorprendente. En los primeros momentos de la revolución cubana quien albergara mayores expectativas de encontrar un apoyo solidario en la Unión Soviética fue el Che y no Fidel. Esa diferencia en las expectativas se explica por las experiencias personales y de formación política previas de los dos líderes.

El Che , como muy bien lo definió su ex novia cordobesa María del Carmen "Chichina" Ferreyra, pertenecía a una familia de aristócratas venidos a menos, con mas apellidos que dinero, y recibió una influencia política por parte de su madre, Celia De la Serna, acercada ideológicamente al Partido Comunista, y con lecturas y practicas feministas. De su madre heredó el impulso de rebeldía y sus primeras lecturas de textos del marxismo. Pero también por el lado de su madre llegaran su distanciamiento del peronismo y las expectativas por la Unión Soviética.

Es interesante comentar que en 1952 y 1953, dos años de profundas tensiones políticas en la Argentina y donde las pasiones a favor o en contra del peronismo comprometían a buena parte de los argentinos, el Che realizó sus viajes iniciáticos por Latinoamérica.

En esos viajes el Che se desprendió del lastre antiperonista, como lo demuestra cuando al producirse el golpe del 55 se negó aceptar la invitación de Ricardo Rojo a regresar el país para involucrarse en el proceso político. Y en una carta a su madre, donde respondiéndole a su entusiasmo por derrocamiento de Perón, le pidió que prestara atención a qué clases sociales festejaban y cuáles estaban llorando. El entusiasmo por la Unión Soviética, se le evaporó en su primera misión diplomática a ese país.

Fidel, que se incorporó tempranamente a las luchas políticas en su país, sumó con entusiasmo a su formación básica en el pensamiento Martíano lecturas del marxismo, pero en su accionar políticos tuvo sucesivos desencuentros con el Partido Socialista Popular (PSP), donde militaban los comunistas cubanos alineados a la Unión Soviética. Fidel no fue parte de ese partido, si no dirigente juvenil del Partido del Pueblo Cuba (Partido Ortodoxo). Su mayor distanciamiento con los comunistas cubanos se produjo cuando, producido el intento de copamiento del cuartel Moncada por parte de su Movimiento 26 de julio, el PSP calificó a la iniciativa como una aventura, como la expresión de la pequeña burguesía radicalizada sin ninguna posibilidad de conseguir sus objetivos, y solo destinada a servir de excusa para que el régimen de Batista aumentara la represión contra el pueblo.

El PSP mantuvo esa caracterización aún después del desembarco del Granma y no faltó el dirigente rastrero que condimentó esa información que llegaba a Moscu, acusando a Fidel de ser un agente al servicio de EEUU, y a los dirigentes del Directorio Revolucionario de desarrollar prácticas "terroristas". Recién en abril de 1958, cuando la guerrilla se había consolidado y se convirtió en una alternativa de poder, el PSP hizo un viraje político sumándose a las fuerzas insurgentes.

Cuatro meses después de entrar en La Habana el Che inició una gira diplomática buscando apoyo para la joven revolución que lo llevó primera a Africa, después a Indonesia, y finalmente a La Unión Soviética y China. El resultado de esa gira fue esperanzador porque encontró muchas simpatías en dirigentes como Nasser de Egipto y Sukarno de Indonesia, y apoyos económicos concretos en China. Lo mas decepcionante de la gira fueron las reuniones en Moscu, donde las relaciones con el gobierno soviético no superaron la frialdad del trato diplomático.

Cuando el Che hizo un informe de esa gira, los dirigentes del PSP no se hicieron cargo de sus responsabilidades en este desencuentro y por el contrario lo hicieron responsable a Guevara. Este primer encontronazo de Guevara con los soviéticos se profundizara mas tarde por otras discrepancias en lo económico y lo ideológico, por lo cual será progresivamente descalificado en Moscú y en los partidos satélites como un disidente pro-chino, trotskista o agente de la CIA.

En Cuba la batalla contra el Che la encarnó el dirigente del PSP Aníbal Escalante, que no pudiendo atacarlo directamente la emprendió con sus colaboradores cercanos y hombres de confianza. En particular contra el argentino Jorge Ricardo Masetti, que junto a sus amigos Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo habían fundado la Agencia de Noticias Prensa Latina. La cobertura de este ataque era la desconfianza hacia todos aquellos que no eran "probadamente marxistas".

Los orígenes políticos de Masseti, Walsh y García Lupo eran el nacionalismo católico (provenían de la Alianza Libertadora Nacionalista). Su compromiso con la revolución cubana era muy fuerte y la historia posterior puso las cosas en su lugar. A finales de marzo de 1962, el propio Fidel Castro se ocupó de denunciar a Escalante como fraccionalista y sacárselo de encima. El escenario de desencuentro con la URSS pudo haberse prolongado, pero ocurrió la invasión de Playa Girón por fuerzas mercenarias financiadas y armadas por EEUU que fue derrotada por el ejército y los milicianos cubanos.

Posteriormente Fidel Castro anunció el carácter socialista de la revolución cubana. A partir de ese momento comenzó una etapa de idilio con la URSS que duró hasta que se produce la crisis de los misiles en 1962, y un nuevo enfriamiento debido a que el gobierno cubano caracterizó que fueron dejados totalmente de lado por la URSS en sus negociaciones con EEUU, que permitieron saldar la crisis. Los misiles se retiraron sin que se levantara el bloqueo económico, y sin que se resolviera la cuestión de la base gringa en Guantánamo.

A partir de entonces y hasta el asesinato del Che se desarrolló el período más brillante del aporte internacionalista de la revolución cubana. Reflexionando sobre el papel que desempeñaron Fidel y el Che en ese período las usinas imperiales han intentado crear versiones de diferencias entre los líderes, cuando en realidad lo mas adecuado es caracterizar que por mutuo acuerdo asumieron responsabilidades y preocupaciones diferentes. Correspondió a Fidel mantener a flote el barco de la revolución, desarrollando políticas de Estado y ocupándose de las cuestiones prioritarias de la economía, la seguridad y el bienestar del pueblo cubano. Correspondió al Che ocuparse fundamentalmente de aportar a promover nuevas revoluciones.

También desde argumentos de izquierda se ha insistido en esas diferencias entre el Che y Fidel. Esas posturas han ido desvalorizándose a partir de los avances en el pensamiento liberador que aportan nuevas experiencias revolucionarias. La necesidad de dividir esfuerzos en gestionar lo existente (el Estado heredado, con las reformas impuestas por la revolución) y crear una nueva institucionalidad en el caso del proceso bolivariano, remite a esta misma problemática. Mientras se crea lo soñado y necesario si queremos avanzar en la transición al socialismo (el futuro de la revolución), algunos deben ocuparse de gestionar el presente.

En el esfuerzo para aportar al desarrollo de nuevas revoluciones, donde asentar un entramado alternativo a lo que ofrecía la URSS y sus aliados, resulta interesante analizar lo pasos que dio el Che.

El primer paso fue constituir una mesa de confianza con los revolucionarios del continente. Esta mesa no se reunía en forma plenaria si no que se trataba de reuniones bilaterales y alguna coincidencia ocasional. Hoy, gracias al testimonio que dejó uno de sus principales colaboradores, Manuel Piñeira Losada "Barbarroja", conocemos el nombre de quienes integraban esa mesa de confianza: por Nicaragua, Carlos Fonseca, Tomas Borge, Jorge Romero y Somarriba; por Guatemala, Turcio Lima, John Sosa, Rolando Ramírez, Pablo Monsanto y Julio Cáceres (Patojo); por Perú, Luis de la Puente Uceda, Luis Bejar y Javier Heraud; por Venezuela, Fabricio Ojeda y Douglas Bravo; por Colombia, Fabio Vázquez, los hermanos La Rota y Gilberto Vieira; por Argentina, John William Cooke y Alicia Eguren.

El segundo paso tenía que ver con la búsqueda de un lugar adecuado donde poner en marcha su proyecto estratégico. Con respecto al lugar puede advertirse que si la idea de crear "dos, tres, muchos Vietnam" incluía a Asia, Africa y Latinoamérica, las dificultades que encuentra en Africa en sus visitas en los años 64 y 65, refirman su convicción de que debe priorizarse América Latina. El proyecto estratégico del Che consistió en asentar en un lugar una columna madre que una vez fogueada y consolidada, sirviera como retaguardia y escuela de cuadros para otras columnas que se desplegarían en distintos países de América latina. Estas columnas actuarían como motores chicos que pondrían en marcha los motores grandes de insurrecciones masivas. Lo acontecido en la revolución cubana y el pensamiento del Che fueron difundidos masivamente por algunas publicaciones como el libro de Regis Debray "Revolución en la revolución", que mas allá de sus intenciones, contribuyeron a desvirtuar lo sucedido y su pensamiento estratégico.

En esa dirección podemos referenciar dos intentos que preceden a la experiencia de Bolivia. El primero de ellos lo encabeza en 1962 Jorge Ricardo Masetti, que se instala en Oran, Salta (Argentina), secundado por dos cubanos de extrema confianza del Che cuyos nombres eran Hermes Peña y Alberto Castellanos. El grupo se denomina Ejercito Guerrillero del Pueblo y en esa formación Masseti era designado como Comandante Segundo. Estaba creando las condiciones de consolidación mínima para que pudiera llegar quien en definitiva conduciría las operaciones que era Guevara (el Comandante primero). Ese primer contingente fue desarticulado por el ejercito y Masetti desapareció, nunca fue encontrado su cuerpo.

El segundo intento lo encabezó en Perú, muy cercanos a la frontera con Bolivia, Luis de la Puente Uceda, con el MIR, que fue desbaratado en 1965.

Hubo otro intento en la Argentina, que fue el de las FARN (Fuerzas Armadas de la Revolución Nacional), encabezado por Ángel Bengoechea, que abortó en 1964 por un accidente que provocó que se detonaran explosivos acumulados en un departamento en la calle Posadas en Buenos Ares. El proyecto de las FARN, dirigido por ex militantes de la organización trotskista Palabra Obrera, fue muy significativo porque contuvo a un grupo de militantes obreros peronistas antiburocráticos de Berisso y Ensenada [localidades industriales cercanas a Bunos Aires], que buscaron en la lucha armada un camino para canalizar sus inquietudes revolucionarios. Como ocurrió con Uturuncos (primera guerrilloa peronista en 1959), vinculó el nacimiento de los primeros movimientos guerrilleros en la Argentina a luchas obreras. Bengoechea se había formado militarmente en Cuba y contó con el apoyo del Che, desconocemos si su iniciativa fue parte de su plan estratégico.

El golpe militar encabezado por el General Barrientos en Bolivia generó las condiciones de quiebre de la legalidad constitucional que el Che consideraba necesarias para instalar una iniciativa guerrillera, y a partir de ese momento sus mayores preocupaciones se centraron en planificar el asentamiento de una columna madre en ese país. El desarrollo de esa experiencia que culminó con el asesinato del Che es un tema conocido

Después del asesinato del Che, el Gobierno cubano siguió apoyando iniciativas revolucionarias en Africa y América Latina. En Africa, tropas internacionalistas cubanas acudieron en auxilio de las fuerzas independentistas de Angola en 1975, aportando a concluir la guerra civil desatada por la organización derechista UNITA, financiado por EEUU. También colaboraron para detener la invasión de las tropas de Sudáfrica, a las que terminaron derrotando finalmente en 1988, lo que posibilitó la independencia de Namibia y contribuyó a la caída del apartheid en el país invasor. En América Latina en la década del setenta tendieron puentes con la experiencia de la Unidad Popular en Chile y el gobierno peronista de Argentina (el presidente Dorticós estuvo presente cuando Héctor Cámpora asumió la presidencia). En la década posterior, apoyaron los movimientos revolucionarios de Nicaragua y el Salvador.

Sin embargo ya a fines de los '60 se empezó a advertir que se hacían dominantes las políticas de Estado y la búsqueda de apoyos económicos y políticos en el bloque soviético. Esta relación si bien aportó a un mejoramiento de los ingresos del pueblo cubano, tuvo consecuencias funestas en la política exterior, como la polémica decisión de avalar políticamente la invasión a Checoslovaquia por las fuerzas del Pacto de Varsovia, y hacia lo interno por el deterioro del plan de desarrollo endógeno y el silenciamiento de la herencia política del Che. Esa política se acentuó a partir del no cumplimiento del objetivo de cosechar 10 millones de toneladas de caña de azúcar en 1970.

La dominancia de la relación con el bloque soviético como punto de apoyo para la supervivencia de la experiencia revolucionaria cubana se interrumpió a finales de los 80 con el inicio de un proceso que concluyó con la caída del bloque de países del Este y la desaparición de la Unión Soviética.

La experiencia de la revolución cubana transcurrió la década de los '90 en la mayor de las soledades, manteniendo heroicamente la decisión de resistir al capitalismo, hasta que una semilla de la siembra del Che irrumpió sorpresivamente. Como ocurrió con la revolución cubana, el surgimiento del chavismo no fue fruto de una conspiración revolucionaria internacional, ni siquiera regional. Fue una epopeya soñada, protagonizada y ejecutada por venezolanos. Pero a poco de irrumpir con la rebelión militar de 1992, los cubanos advirtieron que su líder Hugo Rafael Chávez había estado vinculado políticamente a Douglas Bravo, uno de los hombres de confianza del Che.

En 1994, cuando en buena parte de la izquierda latinoamericana se miraban con desconfianza y prevención los sucesos insurgentes de Venezuela y a su caudillo militar, Fidel Castro invitó a Chávez a visitar Cuba, y fue él mismo a recibirlo al aeropuerto. En 1999, la rebelión de Seattle contra la reunión de la OMC incluyó nuevos actores sociales que desafiaban un mundo que parecía hermético y unipolar. Los procesos latinoamericanos que se iniciaron a principio de la década del 2000 ampliaron las vinculaciones y posibilidades de resistencia.

Estos procesos tomaron rumbos diferentes, y su destino parece haber estar marcado de antemano. Quienes se propusieron un horizonte socialista consiguieron sostenerse y resistir, los demás se desbarataron como castillos de naipes. El Che había dicho que no podía construirse el socialismo con las armas melladas del capitalismo. Tampoco se puede resistir con esas armas al Imperio. No hay posibilidad tampoco de resistir a la fuerza del imperio desde las buenas intenciones de los sectores medios progresistas, desde la preocupación por los humildes y los proyectos inclusivos de capitalismo con rostro humano. Solo se puede resistir al imperio desde proyectos políticos con sujetos populares protagónicos.

Cuando han transcurrido mas de cincuenta años de la revolución cubana, el internacionalismo revolucionario, como otros contenidos del pensamiento del Che y de Fidel, que por su carácter disruptivo muchas veces han sido devaluados como utopistas, soñadores o ilusorios, mantienen su vigencia y explican porqué lo que estuvo de pie permanece y sigue dando ejemplo, abriendo conciencias, sembrando esperanzas en que hay otros mundos posibles.

 

 

Fuente: La Haine

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46