En enero de 1919 los trabajadores peruanos libraron la primera gran lucha de su historia. Fue la batalla por la instauración de la Jornada de 8 Horas, que tuvo como corolario dos acontecimientos paralelos: el triunfo de la organización sindical naciente, y la impronta de José Carlos Mariátegui, que se solidarizó con esta acción decisiva y recibió la adhesión multitudinaria de una masa entusiasmada que desfiló agradeciendo su predisposición al combate. 

 

El Comandante de la boina negra y la estrella reluciente piensa la revolución mientras la ejercita. Las ideas teóricas y políticas de Che sobre la revolución social en la América Latina y el Caribe, son coherentes con su praxis histórica y analítica.  El marxismo para él es una teoría ecuménica que surge y existe para explicar y transformar un sistema universal antihumano. Esto supone una estrategia mundial y un quehacer solidario del mismo tamaño: el internacionalismo, sustentado en un deber y en una necesidad,  inherente a los auténticos procesos socialistas que  se proponen avanzar sin complejos ni titubeos hacia la utopía comunista.

La premura por resolver los problemas que quejan actualmente a los venezolanos, lleva a algunos a plantear que “ya no es hora de más diagnósticos”, a decir que, de hecho, “ya hay demasiados diagnóstico” o que “todos sabemos cuál es el diagnóstico”, y que “lo que hace falta son soluciones”.

Estábamos en el lobby del Hotel Eurobuilding, Gustavo y yo, conversando sobre estos dos o tres días pasados en Caracas, acompañando la elección presidencial. Hasta este encuentro no nos conocíamos Gustavo y yo, aunque habíamos transcurrido los últimos treinta años por andariveles comunes en la política. Repasábamos estos días venezolanos, la recorrida por los centros electorales, algunas situaciones y anécdotas que habíamos presenciado y vivido y, sobre todo, la visita al Cuartel de la Montaña, donde descansan, bajo un oscuro mármol, los restos de uno de los tipos más vitales, jodedores, desafiantes, osados, inteligentes y conchisumadre que conoció mi generación, la generación de mis hijas y mis nietos, Hugo Chávez. 

Las nuevas generaciones de posguerra, bautizadas como sesentayocheras, fueron hijas de la explosión de un capitalismo expansivo, cuyos parabienes anunciaba una época de cambio social. Las viejas estructuras se tambaleaban. La juventud irrumpía en el escenario cuestionando la autoridad en todas sus formas. Las primeras instituciones en sufrir el embate fueron la familia, la Iglesia, las universidades, los partidos políticos y el poder político. Eran tiempos convulsos.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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Correos del Sur Nº68

 

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