Las decisiones políticas sobre los Acuerdos y el fin del conflicto, serán la derrota de una idea que desde los tiempos de la restauración conservadora, con Mariano Ospina y Laureano Gómez en los 40, impuso desde arriba una guerra que creíamos perpetua. El magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, instigado por el mismo discurso que hoy azuza el odio y llama a la muerte, fue usado incluso para lanzar una guerra de exterminio contra el pueblo liberal que perseguido, expulsado de sus parcelas y viviendas, traicionado y abandonado por las jefes del partido liberal, un día dijo basta y se alzó en dignidad y armas contra el poder conservador, por la defensa de sus vidas, sus propiedades y sus familias. Seguimos, con cortes y nuevos actores, en una guerra que hoy empieza a llegar a su fin, y con ella la derrota histórica y contundente del No al plebiscito y a los Acuerdos de La Habana.

Con unos antecedentes de lucha armada que ya suma 68 años, con secuelas de todo tipo que afecta a la mayoría de su población, especialmente rural, Colombia se apresta -después de cuatro años de conversaciones- a decidir la aprobación o no de los acuerdos de paz discutidos y suscritos por el gobierno de Juan Manuel Santos y el directorio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Colombia - Ejército Popular (FARC-EP). Temas cruciales como la amnistía de los guerrilleros, su futura participación política y reincorporación a la vida civil, al igual que la violencia en campos y ciudades que ha producido miles de asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, de desplazados, de desaparecidos, de víctimas muchas veces ajenas al conflicto armado, y la realidad macabra impuesta por el narcotráfico y el paramilitarismo amparados por las clases dominantes; fueron debatidos en La Habana a fin de cristalizar las negociaciones de paz.

Los diálogos de La Habana para la terminación del conflicto armado, han por fin calado y se han convertido en parte aguas de la historia reciente del país. Se ha avanzado tanto, que estamos ad portas de la firma del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Asimismo, el Presidente convocará un plebiscito para la refrendación de los mismos, donde podremos expresar a través del voto por el Sí, nuestro apoyo a los acuerdos alcanzados que pondrán fin a la larga guerra entre hermanos que tanta tragedia, dolor y muerte ha causado.

El gobierno de Juan Manuel Santos llega a la mitad de su segundo mandato y los resultados son desastrosos. La locomotora minero-energética que debía jalonar la economía, se descarriló por la baja de los precios y la caída de las exportaciones de materias primas. Mientras el sector financiero reporta jugosas ganancias, se mantiene el estrangulamiento de la industria y la agricultura. El peso se devalúa, la inflación se dispara, aumenta la deuda externa y la balanza comercial es deficitaria. Ante el profundo hueco fiscal, es inminente otra reforma tributaria contra la clase media y los sectores populares.

La encrucijada de Colombia hoy es poner fin al perenne conflicto armado que ha causado una inmensa tragedia humanitaria. Este histórico dilema lo zanjará el plebiscito, el mecanismo de refrendación que otorgará la base de legitimidad,a través del constituyente primario, a los acuerdos de paz. El triunfo del No, será sin duda una derrota del anhelo de paz para Colombia, el triunfo aplastante del Sí, será el impulso que necesita el proceso, hacia una sociedad reconciliada que abra las puertas a un futuro sin guerra. 

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº98

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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