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El Salvador. Nayib Bukele, un presidente que repite viejos esquemas

Por Dardo Justino Rodríguez

Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019, logró romper la hegemonía bipartidista que imperaba desde el fin de la guerra civil, en 1992.

Un poco de historia reciente

El Salvador estuvo inmerso durante muchos años en una cruenta guerra civil, una de las más complicadas y profundas de Centroamérica, que finalizó con la firma de los acuerdos de paz en 1992.

Desde ese año, se sucedieron cuatro gobiernos de la derechista Alianza Republicana Nacional (ARENA), para luego darle paso a dos administraciones del ex guerrillero e izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

La inoperancia de ambos partidos, más una creciente corrupción, minaron las esperanzas de una población, que, cansada, cedió ante los cantos de sirena de un joven, pero no inexperto, empresario y político, que venía de ser alcalde en Nuevo Cuscatlán y en la capital, San Salvador.

Nayib Bukele fue subido por la ola de descontento ciudadano en El Salvador contra los partidos tradicionales, tras 20 años de gobiernos derechistas y 10 de izquierdistas (la ex guerrilla del FMLN). Fue un fenómeno más de la ola de descontento a nivel mundial; cada manifestación local con su significado propio, desde Asia, pasando por Europa hasta América Latina y el Caribe”. Napoleón Campos, reconocido analista político salvadoreño.

Nayib Armando Bukele Ortez, nacido en el año 1981, se constituyó en una estrella que, aparentemente, todo lo podía para sacar adelante el país. Una muy bien orquestada campaña electoral, más una presencia perfectamente estudiada en las redes sociales, le dieron en las elecciones del 3 de febrero de 2019, lo que él y su entorno anhelaban: la presidencia de la república.

En ese proceso electoral, obtuvo un 53.10 % del total de votos emitidos, obteniendo mayoría absoluta, sin necesidad de una segunda vuelta.

Todo ello sin que el electorado parara mientes en varias denuncias en su contra como alcalde de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, por corrupción, nepotismo, misoginia y abuso de autoridad.

El hartazgo ante las tropelías de la clase política en general y una muy bien ideada campaña electoral, fueron los motivadores por excelencia para ese logro.

Las cualidades del joven presidente

¡Va, pues, metete! Pero te voy a dar un consejo: ganá. Un político que pierde… se quema. Te quemás”. Armando Bukele a su hijo Nayib, cuando éste le comunicó que entraría a la política.

Bukele es de esas personas que despiertan pasiones. O se lo ama o se lo odia. No es común que alguien se muestre indiferente ante su figura. Hasta la fecha, es el presidente más popular de la historia democrática del país. Ni sus numerosos yerros como presidente, ni su notoria vocación autoritaria, han hecho mella en su popularidad. Aunque si bien es cierto que ya no concita tanta adhesión como al inicio de su administración, esa baja no es significativa.

Prometió ser alguien diferente de la corrupción existente. Pero antes de la pandemia, cuando el coronavirus aún no se llamaba COVID-19, mostró que su intención no era gobernar diferente y atacar los problemas endémicos del subdesarrollo, sino taladrar la institucionalidad construida gracias a los Acuerdos de Paz de enero de 1992 y, aún peor, incumplir la Constitución de la República”. Napoleón Campos.

Tanto él como su hermano Karim, son hábiles para la comunicación. Nayib lo es por su carisma y su capacidad histriónica, en tanto Karim lo es por su inteligencia y sagacidad a la hora de idear una campaña.

En este largo año y medio de presidencia, Bukele ha demostrado con creces que su vocación no es el diálogo, sino el enfrentamiento, la calumnia, la mentira y la persecución”, nos dice un ex compañero de ruta del actual mandatario, de cuando éste era una de las figuras en ascenso del FMLN. Esta fuente, por razones de seguridad, ha solicitado el anonimato.

Sus ‘aprietes’ a la Asamblea Nacional, su invasión de la sede de ésta, de la mano con militares y policías, pueden considerarse violaciones a la independencia de poderes que marca la Constitución Nacional. Sin embargo, es tanto el descrédito en los políticos y en las instituciones, que pocos levantaron su voz para denunciar semejante atropello, y en eso basa sus acciones el presidente Bukele”, nos expresa la misma fuente.

(…) La Asamblea Legislativa se llenó de militares desde muy temprano el domingo 9 de febrero de 2020. También de policías y francotiradores. Pero ninguno de los 28 diputados que finalmente asistieron a la convocatoria hecha por el Ejecutivo, previó lo que ocurriría a las 4 de la tarde, tras la apertura del hemiciclo legislativo: varias cuadrillas de militares armados con fusiles, cascos y chalecos antibalas, marcharon dentro del Salón Azul para apostarse en los costados y atrás de todas las curules.

El Ejército preparó así la entrada de su comandante en jefe: el presidente Nayib Bukele. Fue el punto más tenso de una jornada donde el presidente Bukele demostró que, con el apoyo de la Fuerza Armada y la Policía Nacional Civil, el Ejecutivo pudo someter a un Órgano Legislativo reacio a ceder a sus demandas. El desenlace de una bola que comenzó a rodar el jueves 6 de febrero, cuando Bukele, acuerpado por el artículo 167 numeral 7 de la Constitución salvadoreña, decidió cerrar los espacios de diálogo y declaró una guerra abierta al Poder Legislativo por la falta de aprobación para la negociación de un crédito de $109 millones para la tercera fase de su Plan Control Territorial. Con los militares y policías armados invadiendo el Salón Azul, el presidente Bukele, micrófono en mano, dijo: “Ahora creo que está muy claro quién tiene el control de la situación” (…)

Por Fernando Romero y Rodrigo Baires Quezada. Revista Factum. 10 febrero 2020

Corrupción: nada ha cambiado.

En charla con el ya citado analista político salvadoreño Napoleón Campos, éste nos expresa que “durante la pandemia, (Bukele) exhibió el mismo patrón de corrupción de sus antecesores. A estas alturas, la Fiscalía General de la República (FGR) ha acumulado más de 17 expedientes sobre compras anómalas e irregulares, típicas de corrupción, en las que están involucrados ministros como los de Salud, Agricultura y Ganadería, Obras Públicas y del Fondo Ambiental, entre otros”.

Campos agrega que, “como si esto fuera poco, ante los señalamientos internacionales por vulnerar el Estado de Derecho y la Independencia Judicial -en particular los señalamientos de congresistas estadounidenses y europarlamentarios- Bukele no ha desistido en socavar los cimientos democráticos, mientras la economía se desploma -9.0% o más como lo han indicado el Banco Mundial y el FMI”.

El país ha comenzado a ver cancelados programas de ayuda externa como el Fondo del Milenio de EEUU, y otras programas pueden peligrar de no rectificar, si bien el Plan Biden para Centroamérica, que es en verdad un plan para el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras), señala claramente que la lucha contra la corrupción será el eje de la política de EEUU en la región”, remata sus apreciaciones el analista consultado.

Nepotismo traducido como confianza plena

Como ocurre en algunos países de la región, históricamente un grupo ha influido y decidido respecto de las acciones de gobierno, siendo los miembros de ese grupo, por lo común, personajes sin cargos públicos, lo cual los distancia de eventuales juicios políticos, pero más que nada, les permite operar con mayor soltura, por no decir desenfado.

En los veinte años de administraciones “areneras”, ese grupo estuvo conformado por altos empresarios o personeros de éstos, o sea, representantes del gran capital nacional.

En tanto, durante los diez años de gobiernos efemelenistas, esa labor recayó, indefectiblemente, en la comandancia histórica, es decir, en el mismo pequeño grupo de comandantes guerrilleros que condujo al Frente durante la guerra civil y que firmó los acuerdos de paz en 1992.

Empero, es dable destacar que, durante una parte del primer gobierno del FMLN, también tuvieron poder de decisión tres miembros de la poderosa familia Cáceres, el empresario José Miguel Menéndez Avelar (conocido como Mecafé) y Herbert Ernesto Saca Vides, un viejo gestor y operador político dentro del poder.

Con Bukele, las cosas se simplificaron. Aunque Saca Vides fue uno de los principales gestores en la creación de GANA, la alianza electoral con la cual Nayib obtuvo la presidencia, actualmente tiene menos poder de influencia que algunos de los hermanos del primer mandatario.

Nayib Bukele tiene nueve hermanos, pero sólo tres de ellos, los menores, constituyen el núcleo principal que lo rodea, asesora y opera en su nombre. Ellos son: Karim Alberto (33 años), y Yusef Alí e Ibrajim Antonio (mellizos de 30), todos ellos hijos de Armando Bukele Kattán, fallecido en 2015, y de Olga Marina Ortez.

Ninguno de los tres tiene puesto público, es decir que no son funcionarios gubernamentales, pero operan con total soltura y libertad, con la aprobación explícita o tácita del primer mandatario.

Al no tener puestos públicos, no están sometidos a ninguna de las leyes de contraloría, que permiten evaluar la conducta de los funcionarios.

Nayib y Karim son los estrategas que definen los rumbos a seguir de la Presidencia. En tanto, Yusef e Ibrajim son consejeros que se ocupan de ámbitos específicos. Mientras Yusef trabaja sobre el gabinete económico, Ibrajim se encarga de las negociaciones con grupos económicos, y de las misiones especiales de su hermano Nayib, entre las que destacan los proyectos de reactivación económica.

Por su parte, Gabriela Rodríguez, la esposa del presidente, es la encargada del gabinete social, un ámbito que suele ser el preferido de las primeras damas.

Sin embargo, como publicara la revista El Faro, (éstas) “no son tareas exclusivas, sino que todos ellos pivotean en las diferentes áreas del gobierno, donde creen que pueden ser útiles o necesarios a los intereses de Nayib. Como supuestamente no cobran salarios ni viáticos ni ningún otro tipo de emolumento, se los supone libres de acusaciones por aprovecharse de las arcas del Estado”.

Nayib Bukele tiene seis hermanos más, cuatro mujeres y dos hombres, que nacieron de otras cinco uniones que, a lo largo de su vida, tuvo Armando Bukele Kattán.

Salvo uno de ellos, Yamil Alejandro Bukele Pérez, que es presidente del autónomo Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador (INDES), los demás no desarrollan actividades públicas de ninguna índole.

Cabe señalar que Yamil fue designado para su cargo en el INDES por su medio hermano Nayib, pero sólo tiene influencia en el área deportiva.

En conclusión…

Bukele ha llegado a lo más alto de la vida político-institucional de su país, merced al cansancio de la población ante la galopante corrupción y la inoperancia de la clase dirigente y a una campaña mediática muy inteligente.

Sin embargo, tras un año y medio de administración, no ha demostrado que sea proclive a introducir cambios profundos y positivos en un país sumido en la pobreza y la desesperanza.

Un pueblo como el salvadoreño, conocido por su capacidad de trabajo y de iniciativa, no seguirá a este presidente por mucho más tiempo, pues no responde a las necesidades más imperiosas ni cumple con sus promesas de campaña. Todavía mantiene altos porcentajes de aprobación, pero se advierte una merma, que, aunque no es significativa, va tomando la forma del desencanto”, nos comenta un diplomático centroamericano destacado en San Salvador, quien, por obvias razones, pide reserva de su identidad.

Un 2021 incierto se cierne sobre el país sin que exista un plan de salida del COVID-19 ni en lo sanitario ni en lo económico, y cuando está por arrancar el proceso electoral legislativo y municipal que culminará el 28 de febrero”, remata el analista Napoleón Campos.

 

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Fuente: Rebelión

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