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El Derecho Humano a la Educación: Las luchas como puente de convergencia de la diversidad juvenil latinoamericana

Por Javier Tolcachier

¿Qué piensan los jóvenes sobre la Educación? ¿Cuáles son sus demandas, a qué educación y a qué mundo aspiran?… ¿Opina lo mismo una joven urbana que una nacida en un entorno rural o indígena? ¿Tienen idénticas necesidades y exigencias quienes habitan las numerosas barriadas periféricas de nuestra Abya Yala o los que crecen en los reductos amurallados de espacios privatizados? ¿Qué vallas afrontan aquellos a quienes la vida vistió con pieles cobrizas o negras? ¿Cuál es el común denominador de tanta diversidad?

Para acercarnos a sus miradas, consultamos algunas voces diversas en los diálogos del Primer Ciclo de Encuentros Latinoamericanos Estudiantiles. Entre tantos interrogantes una cosa, quedó clara: Las luchas por la Educación como un derecho humano, la íntima necesidad compartida de transformar un mundo mezquino son, sin duda, un puente de convergencia.

Sobre necesidades y demandas educativas desde el sector urbano.

Jazmin Elena es una joven salvadoreña de nacimiento, ha vivido desde siempre en el sector urbano del departamento de San Salvador. Actualmente cursa la Licenciatura en Periodismo en la Universidad de El Salvador (UES), forma parte de la Red Salvadoreña por el Derecho a la Educación (RESALDE) y es vocera del Movimiento Estudiantil de Latinoamérica y el Caribe (MELAC). Así se expresó:

Con el fin de tener un espacio dedicado a la movilización, dialogo y organización estudiantil, se llevó a cabo el Primer Ciclo de Encuentros Latinoamericanos Estudiantiles. Este fue realizado por el Movimiento Estudiantil de Latinoamérica y el Caribe (MELAC) con la articulación y respaldo de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE).

Esta serie de diálogos surge de los resultados obtenidos de la iniciativa “#LaEducaciónQueNecesitamos para el mundo que queremos”, impulsada por CLADE. Desde el mes de agosto hasta octubre, se realizaron cuatro eventos virtuales en las que se obtuvieron reflexiones, críticas constructivas y propuestas desde la narrativa del periodo de pandemia.

Teniendo en cuenta las realidades del sector urbano para las comunidades educativas, se reconocieron las problemáticas y deficiencias que la educación pública tiene en la actualidad. Entre ellas, la desigualdad en acceso, formación y actualización de curriculas escolares; deserción escolar, falta de atención socioemocional, el no involucramiento de referentes en las escuelas, abandono al sector docente, entre otras. Todo esto sin mencionar que en áreas urbanas la sobrepoblación estudiantil requiere de instalaciones e infraestructuras ideales para su formación integral.

Especialmente en el contexto de pandemia por el COVID-19, adaptarse a las nuevas tecnologías y cuidar la salud de las y los estudiantes es un reto a superar por parte del sistema educativo. La mayoría de los países en la región han optado por la continuidad escolar desde la virtualidad, pero esto significa que cada estudiante debe tener todos los recursos necesarios; principalmente equipo físico y acceso a red de internet.

Se hace un llamado a los Gobiernos y Ministerios de Educación a no abandonar tanto a la población urbana como rural inmersas en la comunidad educativa. Es indispensable crear planes de emergencia escolares que sean factibles para todos los niveles desde la primera infancia hasta el universitario. Se deben elaborar estrategias y pedagogías desde la realidad de los Estados para garantizar el derecho a la educación, principalmente propuestas para que el uso adecuado y acceso a las TIC’s y reducir la brecha digital que en pleno siglo XXI nos falta superar.

Presentación de resultados y propuestas desde las mingas/grupos de trabajo en el 3° encuentro “Derecho a la educación y resistencia de los pueblos” del Primer Ciclo de Encuentros Latinoamericanos Estudiantiles. /13 de octubre, 2020. – Fuente: MELAC.

Principales dificultades en términos educativos para los jóvenes en el mundo de hoy

Daniela Ester Guzman Huenchuleo es mujer, mamá, mapuche y pobladora de un barrio al sur del rio Biobío en Chile, tiene 23 años y estudia Trabajo Social en la Universidad de Concepción. Actualmente es vocera del Centro Cultural Víctor Jara de Boca Sur y dirigenta en la Unión de Pobladores y pobladoras de San Pedro de la Paz, la comuna que habita.

Poco antes del cierre de esta nota nos comentó “Disculpas por la tardanza en entregar el texto. Hoy estamos enfrentando la persecución policial, de cara a un nuevo 18 de Octubre, ya con niveles inaceptables y por ello iniciando procesos judiciales y de denuncia publica.”

Pese a ello, como habíamos quedado, nos envió su opinión.

Para hablar sobre el contexto y dificultades que enfrentamos los y las jóvenes me parece necesario precisar en la realidad que vivimos aquellos y aquellas nacidas en las poblaciones de Chile, donde habitamos las familias trabajadoras, muchas familias mapuche traídas desde el campo a la cuidad para ser colonizadas, donde habitan los y las segregadas y abandonadas gracias a la perpetuidad de una política habitacional implantada en la dictadura chilena. Yo, en particular, hablo desde el habitar en una población marginada, dentro de la segunda comuna más desigual de Chile.

Segregación, abandono y precariedad es parte de la realidad en la Educación, que se asume tendrán quienes hayan nacido en alguna población, barrio o favela de América. Y si a lo anterior le agregamos la pertenencia a algún pueblo indígena, estos factores aumentan considerablemente en Chile.

Aquí, ser Mapuche implica enfrentar una historia que no ha valorado tu identidad, que ha violentado a tus ancestros y por consiguiente ingresar a un sistema que lejos de respetar tu identidad ha aportado en folclorizar tu cultura.

Sin embargo, reconocer tales dificultades, entenderlas desde la historia y no como hechos aislados de un país, sin duda nos plantea desafíos como organizaciones sociales. Superar las dificultades en el plano educacional necesariamente implica  reconocer que todas las luchas están presentes en una sola lucha, reconocernos como jóvenes herederos de una historia de trabajadores y trabajadoras, mujeres, estudiantes, pobladores y pobladoras organizadas implica no solo asumir un legado, sino que disponernos a nuestros territorios y avanzar desde ahí y con nuestra gente.

El desafío es instalar en todos nuestros barrios, villas, favelas y poblaciones la pedagogía que se nos ha negado, entender nuestro territorio como un gran salón de clases y a nuestra gente como compañeros y compañeras que controlan la comunidad, resuelven, cuestionan, y por sobre todo construyen la nueva sociedad, para el nuevo mundo.

La etnoeducación como cimiento del palenque afroepistemológico

David Alejandro Gómez Arriaga es un joven afromexicano, cuya incidencia tiene como eje central la investigación de la historia africana, negra y afromexicana, para facilitar la autoadscripción y fortalecer la identidad como eje de defensa ante el colonialismo. Es fundador del Centro de Estudios Afromexicanos Tembembe e integrante de la Red Nacional de Juventudes Afromexicanas. Ha participado en espacios afrocentrados académicos y de incidencia política en América Latina como Secretario General de la Red Nacional de Juventudes Afromexicanas e integrante del Comité Asesor de Juventudes Afrodescendientes del UNFPA. Estos fueron sus comentarios:

Contrario a lo que creen muchas personas, el racismo no es un reflejo de ignorancia, el racismo es una forma de control y dominio estructural, bien articulada, diseñada para facilitar el despojo y la destrucción de epistemologías, espiritualidades y territoriales de aquellos grupos sociales que osan desafiar la hegemonía colonial construida desde la conquista y reforzada por la trata transatlántica. El racismo es la manera ante la cual los colonizadores justifican el extractivismo, aún ante sus semejantes que cuestionan las formas de despojo.

Pensar en el racismo como un acto de violencia estructural, nos brinda la oportunidad de formular diversos procesos de defensa desde posturas interseccionales para combatir la violencia y discriminación que afecta la calidad de vida de nuestra gente. Esta lucha multidireccional permite que a su vez, se retroalimenten epistemológicamente nuestros colectivos en beneficio de nuestra población.

En el entorno educativo, el descolonizar la educación a través de etnopedagogías que desafíen el colonialismo occidental, es un inicio para la incidencia política y el autocuidado comunitario. Reavivar las suficiencias íntimas que nos unen como pueblos afrodescendientes es un homenaje a nuestra ancestralidad, evidente reminiscencia del espíritu del cimarronaje y resistencia que nos permite estar acá.

Fomentar los procesos educativos diferenciados no es un acto de segregación. Al contrario, es un acto de preservación identitaria que a través de los diálogos intergeneracionales nos permite formar infancias más activas políticamente, con conciencia social y de raíz comunitaria, que apliquen los principios de autocuidado, respeto, preservación, Ubuntu o Buen Vivir a cada una de sus acciones en el futuro. La educación comunitaria debe ser aquel cimiento de los palenques intelectuales afrocentrados, que inciden por nuestra gente.

Y dentro de estos procesos, ya no podemos decir que la juventud es el futuro, los jóvenes somos el presente, somos el lazo terrenal de las voces de nuestros ancestros, para proteger al mundo en sus momentos más difíciles.

 

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Fuente: Pressenza

Postales para NO OLVIDAR

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº133

 

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Resumen Latinoamericano: Septiembre

 

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