Lo que pareció una sorpresa o una información dudosa para algunos, cuando la semana pasada se dio a conocer que el presidente uruguayo Tabaré Vázquez solicitaba al Parlamento la aprobación del ingreso de militares estadounidenses al país, en el marco del G20, resultó confirmada en la votación unánime de los senadores en la Cámara, en la sesión de 13 de noviembre. Otra de las pruebas más cruentas de la situación política a la que está siendo conducido el país.

30 senadores votaron el proyecto. Es decir, todas y todos lo que integran la Cámara. Todos los partidos miembros.

Ante la conmoción que estaba generándose en el movimiento político uruguayo, la vicepresidenta Lucía Topolansky declaró unos días atrás, que el proyecto “no tiene ninguna importancia”. También afirmó que se trata de “un apoyo al gobierno argentino que es el organizador fundamental”, y que esa medida está contemplaba en los tratados establecidos con Argentina.

La esperanza de voces de descontento quedaron disipadas en la votación de la Cámara de senadores: no hubo gesto alguno de dignidad de parte de quienes declararon ser contrarios a ese proyecto desde la bancada frenteamplista. Una vergüenza mayúscula que nada en la tormenta de la llamada disciplina partidaria, a la que se han acostumbrado aquell@s diputad@s que ocasionalmente levantan su voz de discrepancia para después contradecir lo que votan con la mano.

Los partidos tradicionales apoyaron la iniciativa, reservándose diferencias en torno a las potestades que se otorgan al Poder Ejecutivo. Según expresaron, la Asamblea General es el único organismo autorizado para permitir el ingreso de tropas extranjeras a Uruguay y no el Poder Ejecutivo.

Así fue que la Comisión de Seguridad de la Cámara de Senadores incorporó un tercer artículo que expresa que el Poder Ejecutivo informará al Parlamento ante más solicitudes.

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El primer artículo del proyecto solicita a la Asamblea General la habilitación del ingreso de tropas y aviones de Estados Unidos desde el 26 de noviembre con el fin de desarrollar la operativa logística para la seguridad del presidente Donald Trump.

El segundo artículo pide la autorización al Poder Ejecutivo de otorgar la misma habilitación a otros países que lo requieran.

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Por su parte, el movimiento sindical resolvió rechazar el proyecto emitiendo una clara declaración de repudio en la que sostienen que la llegada de tropas de EE.UU. o de otro país extranjero “no tiene fundamentos” desde el punto de vista militar y logístico, y pone en “riesgo para la soberanía nacional”.

“Dicha cumbre se realiza en la República Argentina, país en el que existen las condiciones adecuadas para la realización de los operativos de seguridad necesarios para garantizar el buen desarrollo”, indica el comunicado del Pit-Cnt.

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El proyecto de ley ahora pasará a la Cámara de Diputados para su consideración. De acuerdo al texto de la iniciativa, las tropas estadounidenses llegarían a Uruguay el 26 de noviembre, por lo cual es probable que en los próximos días el tema se aborde en Diputados.

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Entre el desconcierto, la dispersión y la desilusión fraguada en años de gestiones timoratas, el país entra definitivamente en un nuevo momento político, sin saber a ciencia cierta cuales serán los resultados.

Las mismas tropas que asesinan y torturan a los pueblos de Medio Oriente, que ejecutaron las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur, y que renacen en el Brasil de Bolsonaro y en la Argentina de Macri, llegarán a Uruguay con el concierto del Frente Amplio. Una alerta roja que pareciera aún no despertar al inmovilismo que padece el movimiento popular.

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Con la aprobación de la ley ingresarán, desde el 26 de noviembre al 3 de diciembre, 8 aeronaves de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y 400 personas, entre civiles, militares e inteligencia.

 

          

Fuente: Resumen latinoamericano

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