El 73er período de sesiones de la Asamblea General de la ONU se da en medio de un contexto por demás beligerante contra Venezuela. Tres intentos de golpes de Estado, un magnicidio frustrado y la amenaza de ampliar las sanciones contra el país son los elementos que rodean una de las sesiones más álgidas de los últimos tiempos, donde, además, Estados Unidos intenta exhibir que su hegemonía global no ha sido afectada por los últimos cambios de tendencia en la geopolítica mundial.

1. La apertura del 73er período de sesiones de la Asamblea General de la ONU dio inicio con las declaraciones de su secretario general, Antonio Gutierres, quien afirmó que "la gente se siente cada vez más insegura y no confía en las instituciones" en el marco de un orden mundial que calificó de caótico.

Sus palabras sintetizaron el momento actual de las relaciones internacionales, donde la principal institución mediadora a nivel global incumple el rol para el que fue creado. Distintos ejemplos explican esto: uno es el constante secuestro de sus distintas oficinas por parte de sectores del Estado profundo de Estados Unidos en función de sus agendas de intervención, y otro es la notable incapacidad que ha tenido el organismo para lograr una solución negociada en puntos calientes del globo como Siria.

En ese sentido, sobre este último conflicto sobresale el papel de potencias como Rusia, quienes auspician diálogos como los de Astana (Kazajistán) como una forma de encontrar nuevas fórmulas institucionales que destraben la parálisis en la que está subsumida la ONU.

2. No hay quizás imagen que describa más esta marea de contradicciones que la de los miembros de la ONU riéndose de Donald Trump después de que éste dijera que su administración había sido la que más logros había tenido en la historia de los Estados Unidos. Esas carcajadas burlonas contra un presidente de Estados Unidos no se recuerdan tampoco, como los logros de Trump, en otro momento de la historia.

Sin embargo, coincide también con una contradicción en el relato del mandatario acerca de la visión de su administración respecto a las relaciones internacionales. Bajo esta lógica confusa y enredada, Trump criticó la "ideología globalista" que entrega la soberanía a una "burocracia no electa e irresponsable", e instó a respetar el derecho de cada nación a seguir sus propias costumbres, creencias y tradiciones sin que Estados Unidos dicte las pautas de cómo vivir, sino solo a cambio de que "se respete la soberanía de Washington".

Borrando con el codo lo que escribió la mano, Trump se arrogó el derecho a intervenir en Venezuela, Irán y Siria por ser "regímenes dictadoriales y comunistas", utilizando la justificación de buscar detener una "crisis humanitaria" en el caso de Caracas y Damasco.

Esto revela la tensión que existe en una Administración Trump que, por un lado, se declara aislacionista, enfrentada al mandato de líder global heredado de sus antecesores, pero, por el otro, tiene en su base de poder a elementos relacionados con la idea del supremacismo blanco y del excepcionalismo estadounidense, que funcionan como bandas dentro de su administración pues toman de rehén por completo la política exterior estadounidense con respecto a regiones estratégicas.

3. Desde esta óptica, el presidente Donald Trump, de nuevo, se intentó congraciar con el lobby de la Florida, distrito clave en las venideras legislativas de Estados Unidos, con el anuncio de nuevas sanciones y la promoción de un golpe militar en Venezuela en un contexto donde no descartó la opción militar.

Según sus propias palabras, este golpe militar "podría triunfar rápidamente en Venezuela", por lo que, de nuevo, volvió a corroborar las versiones de The New York Times y Miraflores, que afirman que su administración trabaja activamente por desencadenar un escenario de este tipo. Esta torpeza en su línea discursiva, que lo aleja del consenso regional contrario a una intervención militar, solo se explica, de nuevo, si se entiende que los votos de la Florida son claves para no quedar en un escenario de debilidad en el Congreso estadounidense, donde el Partido Demócrata pueda avanzar con mayor fuerza mediante el impeachment que planea en su contra.

En este contexto, es muy alto el riesgo de una acción extrapolítica contra Venezuela, en cuanto podría servir para amarrar los votos de la Florida, apelando a un falso nacionalismo que cohesione a la sociedad norteamericana alrededor de una intervención militar, como han hecho otros presidentes. Esto incluso lo ha alertado el asesor del ex presidente Barack Obama, Raph Emmannuel.

4. En ese sentido, uno de los representantes del ala más extrema y militarista de la Administración Trump, su vicepresidente Mike Pence, participó en una reunión con el presidente de Colombia, Iván Duque, titulada "Hacia una respuesta integral para la migración venezolana".

En este evento, Pence ofreció 48 millones de dólares de asistencia para atender a la migración venezolana, al tiempo que afirmó que el fenómeno se agravaría en caso de que Maduro continuara en el poder, por lo que llamó a un esfuerzo regional. Remarcó que Venezuela no debería "probar la determinación de Estados Unidos a defender a sus aliados" con movimientos intimidatorios, como el envío de tropas a la frontera colombo-venezolanas para ejercicios militares. Estas amenazas veladas, en vez de ser esporádicos exabruptos, ya forman parte del paisaje discursivo que utiliza la Administración Trump para referirse a la República Bolivariana.

5. Durante una rueda de prensa, el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, sostuvo que "la etiqueta de la crisis humanitaria es para facilitar la intervención. ¿Y cómo se provoca una crisis humanitaria? Bloqueando a un país. Si bloqueas al país no hay insumos para la producción y se dificulta el acceso a la comida y las medicina".

En esta línea, Arreaza resaltó que la doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P), agitada por estos días contra Venezuela, funciona bajo la lógica de "primero te ahorcó y después te salvo". En ese sentido, es evidente cómo las distintas agencias y oficinas de Altos Representantes de la ONU se han cartelizado con argumentos exactamente iguales a los esgrimidos por Estados Unidos en el marco de la RP2, como sucedió contra Siria por orden del número dos del organismo, el secretario adjunto Jeffrey Feltman, conocido por su paso por el Departamento de Estado durante las eras Bush y Obama.

6. Sin embargo, una de las disonancias más grandes que se vio en la ONU es la distancia entre Estados Unidos y quienes históricamente han sido sus "socios globales". Esto se pudo ver en temas referidos a la migración, el cambio climático, el libre comercio y los aranceles a China, entre otros temas.

Uno de los que más destaca en este ítem es la reiteración de que Estados Unidos no reconoce a la Corte Penal Internacional porque "reclama jurisdicción casi universal sobre los ciudadanos de cada país violando los principios de justicia, equidad y debido proceso". En sus palabras, Estados Unidos no entregará su soberanía a una "burocracia global no electa e irresponsable" en referencia al caso que se le sigue al país por sus crímenes en Afganistán.

De más está decir que, en el mismo atril de la ONU, otros aliados de su país, como el presidente de Perú, Martín Vizcarra, pidieron que el gobierno de la República Bolivariana sea juzgada por la Corte Penal Internacional. Un ejemplo más sobre las dificultades que atraviesa el frente internacional de la guerra contra Venezuela a la hora de coordinarse con la Administración Trump para alcanzar el tan ansiado cambio de régimen en Venezuela.

 

          

Fuente: Misión Verdad

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Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº81

 

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