(+Vídeo) Reportaje: Los niños de la mochila

Una multitudinaria manifestación (95.000 personas) colapsó ayer Bilbo para reclamar que se ponga fin a las políticas de venganza contra los presos vascos. A la cabeza, sus otras víctimas, los familiares, y sobre todo los más pequeños. La cita estuvo marcada previamente por la afirmación de que pronto habrá acercamientos en el Estado francés.

Una multitudinaria manifestación abarrotó ayer el centro de Bilbo ocupando la práctica totalidad del recorrido de la marcha, entre la Casilla y el Ayuntamiento, pese a la desapacible tarde que convirtió la movilización ciudadana en una marea de paraguas. La pancarta se topó en todo el camino con miles de personas esperando a ambos lados del recorrido. Fueron unas 95.000, según la estimación de GARA, las que respondieron al llamamiento de la red ciudadana Sare.

 

La masiva manifestación estuvo muy marcada por la filtración sobre el acercamiento a Euskal Herria de los presos en el Estado francés e hizo inevitable devolver la mirada a Madrid. Pese a la ausencia de movimientos a este lado del Bidasoa, recordó Sare que «todos estos esfuerzos no son en vano». Llegados a Zabalburu, ante una inmensidad de paraguas que abarrotaban la larga calle Autonomía, el portavoz de Sare Joseba Azkarraga señaló a la multitudinaria manifestación para resaltar que «el que haya decenas y decenas de miles de personas nuevamente en la calle es una interpelación a los gobiernos, a los partidos políticos y a las instituciones para que este problema no se pudra, este problema necesita una salida política rápida, urgente, porque en ello nos va, sin duda, la convivencia de este país». «Volveremos a salir a la calle cuantas veces haga falta» agregó, rodeado de una multitud que no dejó de corear en todo el recorrido “Euskal presoak etxera”. La consigna creció ayer en tono e intensidad y no dejó de escucharse hasta minutos después de la lectura del comunicado final.

La manifestación partió con retraso sobre la hora prevista de las inmediaciones de La Casilla. Allí se habían reunido representantes de los partidos políticos, entre los que se encontraba una importante delegación de la coalición Euskal Herria Bildu, los representantes de Elkarrekin Podemos Nagua Alba y Lander Matínez, que participaban a título individual y representantes de ERC como Joan Tardà y Teresa Jordà y de la CUP como David Fernández. El eco de los presos políticos catalanes también estuvo muy presente.

Aplausos y alguna lágrima

A la cabeza de la manifestación se situaron las ya habituales Mirentxin que trasladan a los familiares a las visitas, expresión a partes iguales de solidaridad y de la inmensidad de kilómetros que recorren para no perder las preciadas visitas.

Abr&bs;ieron la marcha los más pequeños obligados a recorrer esas distancias, los grandes protagonistas de la jornada, conocidos ya como «los niños de la mochila», hijos e hijas de presos y presas que despertaron un mar de aplausos y más de una lágrima a su paso. Aguantaron bajo los chubasqueros durante horas bajo una incesante lluvia hasta el final. Porrotx los acompañó agitando una bandera multicolor que fue saludada por las miles de personas que esperaban a los lados de la carretera.

Tras ellos marcharon familiares de presos gravemente enfermos como Txus Martín, Ibon Iparragirre, Ibon Fernandez Iradi o Joseba Borde. Entre ellos marchó también Angelita Burgoa, madre del ondarroarra Ibon Iparragirre.

Junto a ellos marcharon más familiares entres grandes hileras. A su paso, la multitud aplaudió sin dejar de corear consignas por la vuelta a casa de los presos, un baño de «calor y solidaridad» que los familiares atesoran en Bilbo para afrontar un nuevo año de cientos de viajes, tal y como resaltó el portavoz de Etxerat, Urtzi Errazkin. Recordó que ayer no acudieron a las visitas para estar en Bilbo y manifestaron que no pierden la esperanza de que esta sea la última manifestación con la reivindicación de que se ponga fin a la legislación de excepción al colectivo de preso vascos.

Representantes de los sindicatos vascos, entre ellos los secretarios generales de ELA y LAB, Txiki Muñoz y Garbiñe Aranburu, respectivamente, se situaron ante los micrófonos para resaltar que la movilización llega «una año más» pero precedida de «una buena noticia» y tras un proceso en el que la sociedad civil se ha situado al frente de una agenda en términos de humanización y normalización. «Nos gustaría que la política penitenciaria y la normalización se colocaran como elemento de condición para las relaciones con el estado», apuntó Muñoz, al tiempo que Aranburu consideró que 2018 ha de ser un año «decisivo», en el que se tienen que ir tejiendo complicidades entre diferentes agentes también a este lado del Bidasoa. «Ese es el modelo a seguir para mover la posición del Gobierno español», apuntó.

Precisamente reflejo de esa pluralidad un diverso grupo de personas se situó ante la pancarta, que portaron Nahikari Otaegi (expresa y madre de dos niños), Peru del Hoyo (hijo de Kepa del Hoyo muerto el pasado agosto en la prisión de Badajoz), Axun Lasa (hermana de Joxean Lasa muerto a manos del GAL), Iñaki Lasagabaster (jurista catedrático de la UPV), Anaiz Funosas (artesana de la paz e integrante de Bake Bidea), Jérome Gleizes (concejal de los Verdes en el Ayuntamiento de París y uno de los promotores de la moción aprobada por unanimidad a puertas de la manifestación del pasado 9 de diciembre en la capital francesa), el escritor Kirmen Uribe, Xavi Sànchez (hermano del expresidente de la ANC Jordi Sànchez encarcelado en el Estado español), Elizabete Bizkarralegorra (letrada), Ramon Zallo (profesor de la UPV) y Bea Talegón (exmiembro del Comité Federal del PSOE).

Crecer con las ausencias

A su llegada al Ayuntamiento la marcha dio voz a Eguzki Azkarate y Olatz Iglesias hijos de presos vascos que relataron el enorme peso que la ausencia de sus padres y los largos desplazamientos han sumado a sus mochilas. Ambos dejaron atrás la infancia, pero recordaron que desde su nacimiento «venimos sufriendo las causas del conflicto». Por ello lanzaron un mensaje a los representantes políticos ante quienes remarcaron que «ha llegado la hora de dar los pasos necesarios para acabar con esta situación».

Un bertso de Maialen Lujanbio acompañó el mensaje final de Sare desde el Ayuntamiento. Kike Amonarriz y Bea Talegón pusieron voz a un texto en el que la red ciudadana llamó a «pasar página sin desmemoria alguna» pero «con la generosidad exigible para cerrar una historia de violencias que nos duele colectivamente y que comenzó allá por 1936 llegando hasta nuestros días». Dejó sentado, asimismo, que «los estados, los gobiernos no se mueven si alguien no los empuja. Hay que moverlos», enfatizaron, y dirigiéndose a la multitud en catalán trasladaron desde Bilbo «afecto y solidaridad a todos los presos políticos catalanes».

 

Ética, emoción, inteligencia y la libertad como ambición

La impresionante manifestación de ayer en Bilbo por los derechos de los presos vascos estuvo marcada moral y emocionalmente por los testimonios de los «niños y niñas de la mochila», los menores que tienen a sus progenitores en prisión y alejados de sus casas. Esa carga emocional era clara y nueva, no tanto por ser del todo desconocida para muchos de los que defienden esos derechos como por ser expresada y reivindicada de una manera distinta.

Históricamente la izquierda abertzale ha sido refractaria a la categoría de «víctima», no solo en su utilización política por parte de sus adversarios, también en lo que respecta a las injusticias y crueldades sufridas por esa comunidad y sus miembros en sus propias carnes. Esa precaución no era gratuita, tenía un sentido político. Pero si esta es una nueva fase, debe tener elementos políticos diferentes.

Parece que ese movimiento para el que los presos y presas políticas son una parte nuclear por muchas y buenas razones, en su apertura a otras aportaciones, liderazgos y perspectivas en la defensa de todos los derechos para todas las personas y en la resolución de las consecuencias de conflicto ha encontrado por fin una fórmula para poner rostro a la mayor violación de derechos humanos que hay en este momento en Euskal Herria. Y lo ha hecho sin caer en el victimismo ni en esa instrumentalización que tantas veces ha denunciado en otros. Frente a quienes defienden que a mucha gente esto no le importa, les han demostrado por qué les debería importar.

Como en otros pasos dados en relación a las víctimas del conflicto armado, la clave de esta nueva dinámica es la empatía, ponerse en el lugar del otro, y el marco son los derechos humanos, sin condicionantes y con una perspectiva humanista y por tanto revolucionaria. Sin un esquema transaccional o de renuncia, actuando éticamente, de manera unilateral, adoptando las mejores posiciones de las que uno es capaz, tanto particular como colectivamente. Es, además, lo más inteligente. [Atención, la idea no es recrear estrategias ganadoras en términos particulares, sino de mejora comunitaria, de otras relaciones sociales y políticas, de derechos y libertades, de proyecto de país].

Esa voluntad tiene efectos profundos en el marco del debate público. Genera una pendiente por la que se despeñan quienes rechazan esa empatía y el marco de los derechos humanos. La suya una postura despiadada, empobrecedora y también muy poco inteligente.

Nuevos consensos para un futuro distinto

Parece ser que el Estado francés no quiere seguir por más tiempo la estela de la necedad y la indecencia de la política penitenciaria española. El trabajo de los «artesanos de la paz», de la sociedad civil y de los electos de Ipar Euskal Herria empieza a dar frutos. Concuerda además con la agenda corsa y con otras prioridades del Ejecutivo Macron. La unilateralidad del desarme en Baiona ha forzado la bilateralidad con París y ha mostrado un camino para lograr objetivos políticos que vayan a su vez acompañados de cambios sociales y en la cultura democrática del país. El anuncio de que en próximas fechas el Gobierno francés comenzará el acercamiento de los presos políticos vascos supone una gran noticia.

Sea por reflejo o por concertación, este movimiento parece que podría tener efectos en Madrid, tanto por la inestabilidad del PP allí como porque en Euskal Herria necesitan quebrar los nuevos consensos que se están tejiendo en torno a la resolución de las consecuencias del conflicto, en general, y respecto a la situación de los presos, en particular. Esos consensos, de los que solo queda al margen el PP, ya han comenzado a ir más allá del acercamiento y hablan abiertamente de acabar con la excepcionalidad jurídica y las políticas de venganza. Como en todo el resto de cosas, en las que el caso vasco es inaudito por la cerrazón de Madrid, los acuerdos deberán innovar y conjugar elementos de la justicia restaurativa y la transicional. Marcan un horizonte sin presos, para el que queda mucho camino pero que se dará en condiciones radicalmente diferentes de las actuales.

Desgraciadamente, la de ayer no va a ser la última manifestación por los derechos de los presos y por una resolución en clave de libertad y justicia. Pero esta dinámica, sea en el formato que sea y con la agenda que marque el momento político y las vulneraciones de derechos, debe sostener esa aspiración a ser un país sin presos y sin políticas vengativas; un país decente y libre.

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Reportaje: Los niños de la mochila

 

       

Fuente: Naiz

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº77

 

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